Wednesday, July 21, 2004

WITTGENSTEIN: POR QUE EL LENGUAJE DEBE IMPORTAR A LA FILOSOFIA.



Juan Guillermo Hoyos M.
Profesor Instituto de Filosofía.
Universidad de Antioquia.
Abril de 2001.


El 29 de abril de 1951 -hace 50 años- muere en Cambridge uno de los personajes más importantes y controvertidos del siglo XX: L. Wittgenstein.

Su pensamiento ha ejercido una influencia significativa en la filosofía reciente y ha sido objeto de las más encontradas posiciones; hay quienes le reconocen un puesto de primer orden y le conceden tal alcance que afirman que una, era la filosofía antes de Wittgenstein y otra es la filosofía, después de Wittgenstein. Otros en cambio, no le dan mayor importancia a sus observaciones filosóficas, y las consideran en su mayoría, solo observaciones sobre el lenguaje, útiles sí, pero que no tienen una incidencia mayor en los problemas centrales de esta disciplina. Por supuesto que ambas posiciones se inscriben en la tendencia contemporánea -a favor o en contra- de la Filosofía Analítica, en ocasiones llamada también, Filosofía del Lenguaje.

Creo que la actitud académica más sana y lo menos apasionada posible, frente a estas dos posiciones que pudiésemos denominar extremas, la podemos asumir acogiendo dos recomendaciones del propio autor: la primera, Wittgenstein nunca estuvo interesado en hacer escuela, en tener seguidores ni discípulos, y así lo afirmaba de manera repetida; la segunda y que me parece más importante, según lo expresa en su Prefacio a las Investigaciones Filosóficas: "no quisiera que mis escritos excusaran a otras personas del esfuerzo de pensar. Sino de ser posible, estimular a alguno a pensar por sí mismo."

Con la convicción personal de que en sus condensados aforismos se encuentran asuntos importantes que merecen tenerse en cuenta en la filosofía 50 años después, me propongo aproximarme parcialmente a algunas de sus observaciones y con ello quiero proponerles de que si tienen la oportunidad, el tiempo y por qué no, el interés asistido un poco con curiosidad, de leer detenidamente pocos autores en el caso de la filosofía, Ludwig Wittgenstein debería ser uno de ellos. Pretendo mostrar la utilidad de algunas de sus recomendaciones, bien sea para polemizar con él o eventualmente para ayudar a repensar algunos de los problemas centrales de la filosofía1 .

Con el fin de lograr este propósito, escogí conscientemente el tema ¿POR QUÉ EL LENGUAJE DEBE IMPORTAR A LA FILOSOFIA? Si se me permite, como una reflexión dedicada a su memoria, en este nuevo aniversario de su muerte. Wittgenstein ciertamente se ocupó centralmente del lenguaje. Pero no se ocupó del tema ni gratuitamente, ni por ser el problema de turno para la filosofía. Cuando hoy el mismo tema sigue sobre el tapete, nos proponemos identificar algunos puntos sobresalientes de sus observaciones sobre el fenómeno del lenguaje y que pueden tener aún vigencia hoy2 .

Queremos enfrentar la pregunta: Por qué el lenguaje debe importar a la filosofía respondiendo a la pregunta: de qué manera se ocupó L Wittgenstein del lenguaje.

El lenguaje siempre ha importado a la filosofía. A lo largo del pensamiento filosófico encontramos diversas posiciones que de una u otra manera le asignan un papel importante al lenguaje en la interpretación de los asuntos filosóficos. Desde los Griegos hasta nuestros días se han multiplicado los tratamientos sobre el tema. Bástenos recordar entre otros, El Cratilo de Platón donde ya creía resolver en dicho diálogo, la relación palabra-objeto. Recordemos igualmente la importancia histórica en el siglo XIV de ese gran movimiento que se denominó el Nominalismo.

Desde mediados del siglo XX hasta nuestros días el tema del lenguaje, ocupa un lugar de primer orden en la filosofía, al consolidarse el movimiento denominado la filosofía del lenguaje. Hoy tenemos casos de filósofos reconocidos que aplican siempre el método del análisis linguístico al comenzar cualquier intervención3.

La originalidad de los planteamientos de Wittgenstein apunta a una inusual función en la tradición filosófica; se ocupa del lenguaje porque EL LENGUAJE ES FUENTE DE PROBLEMAS FILOSÓFICOS Y ADEMÁS ES FUENTE DE MUCHOS MALENTENDIDOS EN ESTA DISCIPLINA. El lenguaje ha preparado las mismas trampas para todos, la inmensa red de caminos equivocados, y así vemos como uno tras otro, siguen los mismos caminos y sabemos donde van a doblar, donde seguirán derecho sin ver la desviación… Así pues, yo debería poner señales en todos los lugares de los que parten caminos equivocados, para ayudar a pasar los puntos peligrosos.

Antes de entrar propiamente en materia y para quienes tengan escasa información sobre el autor, recordamos muy someramente algunos de sus datos biográficos.

Nace en Viena en el año de 1889 y muere en Cambridge el 29 de abril de 1951. Su padre era un magnate de la industria metalúrgica Austríaca y convirtió su casa en un centro de encuentro de la más alta intelectualidad de la época. Músicos, poetas, artistas en general, así como grandes hombres de ciencia formaban parte del círculo normal de la familia Wittgenstein.

En los primeros años de su vida se interesó preferencialmente por la física. Quiso estudiar con Bolztmann en Viena, pero este murió en el año en que Wittgenstein terminaba su período escolar. Más tarde ingresó a la Technischule de Berlín - Charlottenburg; se inscribió como estudiante investigador en el departamento de ingeniería en la Universidad de Manchester. Durante este período se interesó por cuestiones de aeronáutica y de matemáticas. Precisamente fue su interés por los fundamentos de las matemáticas lo que le llevó a plantearse asuntos de orden filosófico.

En su juventud lee parte de la obra de A. Schopenhauer. Por insinuación de Frege, viaja a Cambridge para estudiar con B. Russell. En 1912 se matricula como estudiante de pregrado y luego de posgrado en el Trinity College.

Durante la primera guerra mundial estuvo preso en Montecasino -Italia- donde termina el manuscrito del conocido Tractatus. Entre los años 20 y 26 forma parte de un equipo de intelectuales que prestan sus servicios como maestros de escuela elemental en la baja Austria. Dicha experiencia le sirve en parte para modificar algunas de sus posiciones iniciales.

Exigente consigo mismo; para un estudioso de su obra -Mc Drury- la gran dificultad para comprenderlo es ante todo una dificultad ética. Cree que en filosofía es más importante saber formular preguntas, en vez de pasarnos la vida dando respuestas a preguntas mal formuladas. Tal vez, lo que buscamos con nuestra intervención es recordar algunos de sus consejos con el fin de evitar muchos malentendidos, que resultan de una mal formulación de los problemas en torno al lenguaje.

Entremos ahora sí en materia. Voy a proceder de la siguiente manera:
1. Voy a precisar lo que a mi modo de ver nos abre a la pregunta de por qué el lenguaje debe importar a la filosofía. En esta parte quiero señalar cómo el lenguaje en su estado natural, se pone en relación con el lenguaje filosófico. Expondremos los lineamientos básicos de los orígenes del problema, hasta mostrar cómo surgen algunos MALENTENDIDOS. Una de las preocupaciones constantes del autor es que EL LENGUAJE ES FUENTE DE PROBLEMAS FILOSOFICOS: la mayoría de los problemas filosóficos nacen cuando el lenguaje se va de vacaciones.

2. Presentaré más adelante algunas de las relaciones del lenguaje con escenarios propios de la actividad filosófica; al estudiarlas observaremos como se producen también allí, nuevos malentendidos. De manera especial nos vamos a detener en tres relaciones específicas sobre las que el autor llama la atención; ellas son: LENGUAJE-REALIDAD, LENGUAJE-OBJETOS Y LENGUAJE-PENSAMIENTO.

3. Para concluir presento la propuesta del autor que apuntaba a la construcción de un lenguaje ideal, y que corresponde a su período del Tractatus; paralelamente su desencantamiento frente a esta pretensión, dada la imposibilidad de liberarnos del lenguaje ordinario, cuando hacemos filosofía; encontraremos sugestivas recomendaciones sobre el tema y que además constituyen la parte más polémica de su obra. A esta parte la denominaré DE LA LOGICIZACION DEL LENGUAJE A LOS JUEGOS DEL LENGUAJE.
4. Debo advertir que dejo de lado otros temas que son muy importantes; por ejemplo la relación entre lenguaje y forma de vida; la relación entre lenguaje contexto y sistema; la imposibilidad de hablar de un lenguaje privado, que en el fondo es la crítica al solipsismo lingüístico; tampoco ahondamos en el tema de las reglas de orden gramatical que rigen el lenguaje. Uno de los temas que me parecen más sugestivos pero que tampoco lo vamos a tocar es el tema de los límites del lenguaje, lo que está por fuera de él. La ética y la estética no se pueden expresar en proposiciones, están por fuera del lenguaje. Es comprensible que dada la limitación del tiempo, no lo podamos hacer.

5. Lo que es muy importante es tener en cuenta es que en todas sus observaciones, por un lado tiene en mente la forma cómo se le ha dado respuesta en la disciplina filosófica a los problemas que tienen que ver con el lenguaje y por el otro, discute de manera vehemente con pares filosóficos de su época y de la talla de Russell, Moore y Frege. Por esta razón, para comprender el alcance de algunos de nuestros comentarios, es importante conocer hasta cierto punto las posiciones de quienes se está enfrentando.


1. EL PROBLEMA DEL LENGUAJE FILOSOFICO.

Toda disciplina, por supuesto, tiene un corpus teórico que poco a poco se convierte en un cuerpo de doctrinas debidamente probadas y que se espera, permitan el avance en los conocimientos particulares de las mismas.

Podemos decir que la gran mayoría de las disciplinas elaboran sus teorías, y ponen a prueba sus resultados, con base en modelos de verificación que habrá que aplicar para convalidarlas.

En filosofía, la cuestión se vuelve un poco más compleja. ¿Cuándo y cómo podemos afirmar esto, cuándo creemos haber configurado una teoría filosófica que ofrezca niveles de credibilidad? ¿De qué naturaleza es la teoría filosófica, cuál es su estatuto y por lo tanto cuál puede ser su vigencia ?

Si afirmamos que hay progreso en las diferentes teorías, en las diferentes disciplinas, ¿cómo afirmar lo mismo para el caso de la filosofía ?

Abramos entonces nuestra cuestión apuntándole a tres tópicos:
-- el problema del avance en filosofía
-- la confirmación de que estamos atrapados en el lenguaje.
-- la importancia del lenguaje ordinario.

Prestémosle atención a una primera recomendación de Wittgenstein al respecto:

"Una y otra vez se oye la observación que la filosofía no hace en realidad ningún progreso, de que nos ocupan todavía los mismos problemas que ocuparon a los griegos. Pero quienes lo dicen así, no comprenden la razón por la que debe ser así. Esta es, que nuestro lenguaje ha permanecido igual a sí mismo y nos desvía hacia las mismas preguntas. Mientras exista un verbo "ser" que parezca funcionar como "comer y beber ", mientras existan adjetivos como "idéntico, verdadero, falso, posible", mientras hablemos de un flujo temporal y de una expansión del espacio, etc. etc. etc. tropezaremos siempre de nuevo con las mismas dificultades y miraremos absortos algo que ninguna aclaración podrá disipar. Por lo demás, esto satisface una necesidad de trascendencia, ya que al creer que ven el "límite del entendimiento humano", creen que pueden ver más allá de él."

Esta primera llamada de atención, nos remite a la necesidad de prestarle atención al lenguaje; este fenómeno natural humano, el lenguaje, - y tal vez por esta misma razón no le prestamos la debida atención- merece ser analizado, comprendido de cerca; hacerlo, nos previene de proponer doctrina que podría simplemente llegar a ser un cuerpo de fantasmas meramente conceptuales. Si no le prestamos atención a este hecho primario, el hecho del lenguaje, pueden sobrevenir muchos malentendidos especialmente en el caso de la filosofía. Este lenguaje y la extensión que hacemos del mismo, para hacer los enunciados filosóficos, es decir donde nace el lenguaje filosófico, nos puede jugar algunas trampas.

Veamos tres ejemplos concretos donde podemos constatar algunos problemas.

"PIENSO".

Cuando yo digo en lenguaje filosófico "PIENSO, luego existo", el verbo "pensar" no funciona de la misma manera como funciona el mismo verbo en proposiciones como "¿usted qué PIENSA de la situación de violencia en Colombia?" o "¿usted PIENSA ir a Bogotá a la próxima feria del libro?" Lo primero que se nos ocurre desde el punto de vista filosófico es que el "PENSAR", por ende el "PENSAMIENTO", es una entidad autónoma, es ante todo un Estado mental que posee una serie de características que nos preocupamos por señalar, y que existe en algún submundo, por fuera de nosotros; pero no se nos ocurre considerar la relación intrínseca entre pensamiento y lenguaje. Deberíamos tener en cuenta que para hablar en forma mas adecuada en filosofía del "PENSAR", del "PENSAMIENTO", de las actividades que de él se derivan, de los procesos cognitivos, y en fin, del sinnúmero de cuestiones afines al tema, no nos debemos olvidar de las distintas proposiciones en las cuales usamos el verbo "pensar", o sea, del lenguaje y de sus distintas esferas en las cuales éste tiene lugar. ¿Será que las proposiciones del lenguaje ordinario, donde hemos usado el verbo " pensar ", tienen que ver con ese estatuto del pensar cuando hacemos filosofía? No debemos decir que el PENSAR no sea también un estado mental; lo es que no es posible, es hablar de él de manera autónoma, sin ponerlo en relación con el lenguaje. Esta es una primera razón para confirmar por qué el lenguaje debe importar a la filosofía.


Dos ejemplos adicionales :

"CONOCER":
El hombre, decimos con alguna claridad filosófica, está en condiciones de CONOCER. Somos sujetos COGNOSCENTES y desarrollamos una actividad de naturaleza epistemológica, que la filosofía debe estar en condiciones de determinar. Es nuestra función delimitar dicho campo, pero nos debemos cuidar de algunos malentendidos cuando hacemos teoría del conocimiento; las observaciones que hagamos sobre ella, pueden sufrir algunas modificaciones si le incorporamos los asuntos del lenguaje. Cuando decimos "el hombre CONOCE", estamos formulando una proposición de naturaleza filosófica; si la comparamos con otras proposiciones donde tiene también lugar el verbo "conocer" allí sucede algo curioso. Cuando digo "usted CONOCE a Cartagena", o "usted CONOCE bien las reglas de la gramática inglesa", o "yo CONOZCO bien la vía Medellín-Bogotá," no siempre nos referimos a un estado mental autónomo que pasa solo en la mente. Una vez más, no estamos afirmando que no exista una actividad como CONOCER, lo que no debemos hacer, es considerarla independiente del lenguaje en el cual decimos cómo CONOCEMOS.

"El TIEMPO"
Desde siempre, pero con más fuerza las citadas observaciones de San Agustín, como las de filósofos tan reconocidos como Kant, han pretendido aproximarse al problema de la "TEMPORALIDAD". Qué es el TIEMPO, como plantearlo desde el punto de vista de la filosofía, es apenas obvio que haya sido objeto de las más diversas posiciones. Puede parecer extraño que al decir "tienes TIEMPO para ir de compras, o " cuanto TIEMPO se gasta usted para ir a su casa" o " está haciendo un lindo TIEMPO de verano", dichas expresiones poco tienen que ver con la expresión filosófica que nos determina la naturaleza de" el tiempo" y que ésta pueda existir como una entidad independiente de aquellos distintos usos del lenguaje ordinario y que lo podremos apresar en algún lugar, para nuestros propósitos filosóficos.

Existe un gran problema cuando queremos pasar del lenguaje empírico, experimental, a una especie de lenguaje sublime, una especie de metalenguaje que parece ser el lenguaje de la filosofía.

Los tres ejemplos anteriores, nos pueden servir de punto de referencia, para examinar una buena parte de los enunciados filosóficos sobre los cuales nosotros defendemos puntos de vista que en principio nos satisfacen y a los cuales no se les ha prestado atención al lenguaje. Tal es el caso de las expresiones que tienen que ver con otro sinnúmero de estados mentales, u otros estadios, a los cuales les asignamos de manera esencialista, una existencia por fuera del lenguaje; la gran carencia de estos enunciados es que creemos que no tienen nada que ver con el lenguaje ordinario y que no es necesario tenerlo en cuenta.

Enunciemos simplemente, sin ocuparnos en detalle de ellos, riesgos en algunos casos: Creer, Esperar, Sentir, Experimentar, Verificar, Comprobar. Expresiones como: Conciencia, Intersubjetividad, Mente, Solipsismo, entre otras. Valdría la pena proponer ejemplos en los que el lenguaje no funciona con intenciones filosóficas, y muy seguramente podremos evitar algunos malentendidos cuando hagamos ya las precisiones de orden filosófico.

En cada uno de los casos en los cuales queramos señalar la especificidad del lenguaje filosófico, podemos estar tentados por dos situaciones equívocas:

-la primera Wittgenstein la llama "ansia de generalidad". En filosofía podemos estar acosados por esa gran tentación. Al estudiar los casos particulares del lenguaje ordinario, no nos sentimos satisfechos con el alcance de su significado, y los queremos explicar de otra manera, y allí surge la necesidad de elaborar escenarios temáticos de generalidad, que finalmente son solo eso. Y en ese tránsito de lo particular a lo general, nacen muchos de los encantamientos del lenguaje, que los denomina el autor, encantamientos lingüísticos.

-la segunda situación equívoca, tiene que ver con lo que llama la " necesidad de trascendencia". Muchos de lo que nosotros denominamos cuerpos teóricos de los problemas filosóficos, demandan una comprensión más allá de lo que nosotros designamos con el lenguaje natural, con el lenguaje ordinario, porque esperamos que haya algo más allá que sea necesario develar, identificar. Tal vez sean estos los orígenes reales de la metafísica por una parte, y por otra sea el deseo de querer superar los límites del lenguaje por otra. Una vez más, lo que nos puede suceder es que solo se producen encantamientos del lenguaje o confusiones conceptuales.

¿Qué se propone el autor, cuando reconoce el peligro de que el lenguaje nos juegue algunas trampas y de que se produzcan un sinnúmero de encantamientos del lenguaje? El filósofo es aquel que debe curar en sí mismo muchas enfermedades del entendimiento, antes de poder llegar a las nociones del sano entendimiento humano.

Batallar contra el lenguaje, y por esta razón buena parte de su trabajo filosófico lo dedicó a la terapia del lenguaje. Estamos atrapados en el lenguaje de la misma manera que una mosca está atrapada en una botella. Si usted observa una mosca dentro de una botella, estando la botella abierta, lo que hace es darse contra las paredes, y no puede salir de ella, a pesar de que la botella esté abierta. Lo que pretende Wittgenstein es ayudar a la mosca a salir de la botella, pues ella está abierta.

Los críticos, en parte con razón, se preocupan por el alcance de dicho método, pues se podrían derrumbar -aunque para muchos sin éxito- algunos de los enunciados filosóficos sobre los cuales ya podamos tener alguna claridad.

El autor responde:

"De dónde saca nuestro examen su importancia, puesto que solo parece destruir todo lo interesante, es decir, todo lo grande e importante? Todo el edificio en cierto modo, dejando solo pedazos de piedra y escombros. Pero solo son castillos en el aire lo que destruimos y dejamos libre la BASE DEL LENGUAJE sobre la que se asienta. Los resultados de la filosofía son (deben apuntar al) el descubrimiento de algún sin sentido y de los chichones que el entendimiento se ha hecho al chocar con los límites del lenguaje. Estos, los chichones, nos hacen reconocer el valor de los descubrimientos." I. F. 118 y 119.

Es que en definitiva, la herramienta principal de los hombres, el lenguaje, está ya incrustado, pertenece al escenario en el cual entra en acción, el lenguaje filosófico.

Insiste nuestro autor:

"Al reflexionar sobre el lenguaje, se podría fácilmente pensar que en la filosofía no se habla de palabras y proposiciones en sentido meramente prosaico, sino en un sentido sublimado y abstracto. Pero en la filosofía no podemos alcanzar una generalidad mayor que en lo que decimos en la vida. Lo que digo sobre el lenguaje, debo decirlo en el lenguaje de la vida cotidiana. En la filosofía debo utilizar ya todo el lenguaje. No es en la filosofía donde llego por primera vez al lenguaje, sino que ya estoy en él. Por tanto, en cierto modo, en la filosofía solo puedo aportar algo extrínseco sobre el lenguaje. Es decir, no puedo hablar acerca del lenguaje como si estuviera fuera del lenguaje. Solo en y por el lenguaje, puedo hablar del lenguaje. Haciendo esto, puedo descubrir algo nuevo. Es decir, puedo plantear preguntas y encontrar respuestas satisfactorias."(G. F. 77)

Parece paradójico, pero sus afirmaciones nos llevan a pensar que estamos presos en el lenguaje y que lo que se diga con el lenguaje, también lo que digamos en el lenguaje filosófico, necesariamente deberá tener en cuenta las leyes y reglas que rigen tal lenguaje.

Por este motivo, se dedica a explorar el fenómeno del lenguaje, en función del lenguaje filosófico. Si se acepta esta premisa, le vamos dando razón a la pregunta central de nuestra conferencia: ¿Por qué el lenguaje debe importar a la filosofía? Porque el lenguaje nos juega muchas trampas y nos hace creer en filosofía que hay cosas allí donde no las hay.


2. ESCENARIOS DEL LENGUAJE.

Lo que hemos dicho hasta el momento solo buscaba abrir nuestra cuestión. Ahora, vamos a estudiar algunos escenarios en los que la relación del lenguaje con la realidad, con los objetos y con el pensamiento, nos permitirán hacer nuevas aclaraciones, y una vez más, nos evitarán muchos malentendidos en filosofía.

Aquí comienza propiamente el trabajo para Wittgenstein. Algunas de sus preguntas centrales son:

¿Cómo funciona el lenguaje? ¿Cómo opera la relación realidad-lenguaje? ¿Cómo el lenguaje refiere objetos? ¿Cómo se construye una teoría? ¿Hay un lenguaje ideal? ¿Cómo explicar el significado de un concepto? ¿Puede haber lenguajes privados? ¿Qué importancia tiene para la filosofía el lenguaje ordinario? ¿Tiene límites el lenguaje? ¿Cuáles son las reglas que rigen el lenguaje? ¿Por qué afirma que todo está condensado en una gota de gramática?

Por supuesto que no las vamos a responder en detalle cada una de ellas, pero si nos vamos a acercar a los escenarios anunciados, con el fin de hacer terapia filosófica; una de las tareas más importantes de la filosofía es liberarnos de los malentendidos que se pueden ocasionar por no comprender en parte la naturaleza de nuestro lenguaje; quiere curarnos de otros malentendidos y liberarnos de muchas confusiones conceptuales inherentes al discurso filosófico. Si aplicamos uno de los consejos que solía dar a sus alumnos: "en filosofía gana el que vaya mas despacio", y si lo aplicamos a el análisis del lenguaje, sacaremos mucho provecho de su obra; quizás sea esta una nueva razón para afirmar que estudiar el lenguaje en el caso de la filosofía sí es importante.


2.1. LENGUAJE Y REALIDAD.

"El lenguaje es un laberinto de senderos. Usted se acerca de un lado y conoce el camino; usted se acerca al mismo lugar de otro lado y ya no conoce más el camino" I. F. 203

Es lo que denominamos "realidad", el mundo de los hechos y la consideración de los mismos en cuanto vienen "conceptualizados", formulados en proposiciones, en cuanto se dicen en el lenguaje, el campo del cual nos queremos ocupar ahora4 .

¿Cuál es la relación entre el lenguaje y la realidad, entre la realidad y el lenguaje? ¿Cómo definir este binomio? ¿Hay armonía entre ellos, y si se da, cómo la debemos establecer?

Es el mundo, son los hechos, las cosas, es la realidad la que vamos considerar de manera directa. Nos vamos a detener en el instrumento a través del cual conceptualizamos tal realidad. Ese instrumento es el lenguaje; con él describimos, formulamos, hacemos proposiciones, hablamos sobre el mundo.

En el binomio realidad-lenguaje hay una relación epistemológica importante en cuanto allí se define el lugar del conocimiento, comprensión, significación, e intelección de la misma. Inseparable de la cuestión si la realidad es inteligible y de qué manera lo es , está la cuestión de cómo el lenguaje está en relación con tal realidad que viene expresada y formulada conceptualmente, lingüísticamente.

Ocupémonos del primer término del binomio:

REALIDAD

¿Qué entendemos por Realidad?
Wittgenstein se refiere en varias ocasiones a las diversas teorías y opiniones que han dado algunos filósofos respecto a la realidad, y hace un examen crítico de las mismas. Esta es, en buena medida, su manera de proceder, haciendo crítica a lo que el considera débil o a lo que contiene muchos malentendidos.

Refirámonos muy someramente a algunas tendencias filosóficas que han teorizado sobre la realidad y sobre las cuales propone revisar algunos posibles malentendidos.

Para algunos (llamados realistas) el conocimiento está concebido en términos de la relación entre pensamientos, creencias o ideas de una parte, y de otra, la realidad, los hechos que tienen entidad sí mismos, independientes del hecho de ser conocidos, y por lo tanto de ser enunciados en lenguaje. La realidad tiene existencia en sí misma independiente del pensamiento. Afirman una realidad que existe en sí y para sí y que no es la mera proyección del pensamiento.

Nos cuidamos de reducir de manera simplista el problema del realismo a la fórmula que acabamos de presentar. En este movimiento hay algunas variantes y matices que no debemos desconocer, y el propio Wittgenstein lo sabe. Pero en el fondo lo que importa es la afirmación de los hechos como entidades independientes. Sin embargo, como no es nuestra cuestión central, no nos ocupamos en detalle de tales distinciones.

Otros creen que existen cosas fuera del pensamiento ; afirman la inmanencia de todo el mundo empírico en la actividad del sujeto. Los objetos de conocimiento son describibles propiamente en términos de nuestras ideas. También lo dicho para el caso de las variables del Realismo, vale para esta tendencia.

Hay una tendencia filosófica para quienes los universales no son más que nombres con los cuales se designa la colección de individuos concretos. Los conceptos universales no corresponden a la realidad de las cosas, son solo nombres: es el llamado nominalismo que tuvo en su época tantos adeptos (Rorty, uno de los exponentes más destacados del neopragmatismo contemporáneo, se llama a sí mismo nominalista).

Locke sostenía que hay un acuerdo entre lenguaje y realidad, en tanto el lenguaje se adapta a la realidad. Los conceptos se forman como abstracciones de "ideas" de las cuales nosotros derivamos directa o indirectamente nuestros conceptos. En tanto para Hume es claro que tenemos "impresiones" que provienen de un mecanismo sicológico que da origen a las ideas.

En las formulaciones anteriores hay diversos aspectos que pueden contener según Wittgenstein, algunos malentendidos.

¿Cuáles son sus reservas?

Con respecto a quienes podemos denominar Realistas, señala cómo se asimilan todos los casos de aserción a los estados de los hechos acerca de los objetos, es decir la clase de aserción que declara que un estado particular de hechos sostiene con relación a un particular estado de objetos. En el caso de las frases que obviamente no se ajustan a este modelo, la teoría tendría que explicar los diferentes objetos, de los diferentes asuntos. Y este tipo de realismo se encuentra en dificultad para explicar una serie de usos y de frases que no se ajustarían a sus formulaciones. Por ello, Wittgenstein declara inadecuada esta posición.

Frente a quienes creen en las ideas autónomas, enuncia diversos usos, con lo cual demuestra que no corresponden a una única idea estable a la cual se deban ajustar los conceptos. Los idealistas atacan una forma normal de expresión, como si estuviesen atacando una declaración.

Wittgenstein critica a los Nominalistas, aunque a veces él mismo reconoce que puede dar la impresión de estar haciendo nominalismo; pero el nominalismo comete el error de interpretar las palabras como "nombres" y no describen realmente su uso. Wittgenstein rechazó a los nominalistas, quienes consideran los "nombres" como algo arbitrario y finalmente acaban por ser exclusivamente convencionales. En cambio, para él, hay algo más que una mera convención arbitraria, hay una conexión entre las técnicas de la lógica, del pensamiento y de la historia natural. Por eso nos debemos cuidar de acusarlo de convencionalista lingüístico a secas.

Discute igualmente el proceso de abstracción que propone Locke; no hay tal proceso de derivación ya que el lenguaje es autónomo (Z. 320).

En la critica a las posiciones anteriores vemos como la filosofía wittgensteiniana despeja una serie de malentendidos. Veamos cómo aborda el discurso sobre la "realidad". El mismo término "realidad" ya comporta una serie de ambigüedades que hay que clarificar:

La idea "de acuerdo con la realidad" no tiene aplicación clara alguna. O C 215

Es una expresión con la que nos encontramos continuamente, pero no nos es fácil plantear los puntos de contacto que permitan establecer tal acuerdo. No podemos pensar una "realidad" que sea independiente y que dicte desde afuera el discurso que deba ser pronunciado sobre ella. Y es porque:

"La realidad no es una propiedad perdida a la cual se llega cuando se cumple la expectación". Z. 60

A veces iniciamos la búsqueda en torno a tal realidad y es allí donde comenzamos a falsear la conexión entre ella y el lenguaje. Por hacer una separación demasiado radical entre ambos, le asignamos a la realidad una existencia que nos confunde fácilmente. La realidad no tiene una pre-existencia que determine en forma única, el discurso que sobre ella se deba pronunciar. Muchos han presentado el discurso sobre tal realidad como un lugar dogmático desde el cual se invoca un privilegio, y lo pretenden comprobar con un determinado método de evidencia. El ideal científico quiere presentar un modelo de "realidad" que se presenta como el más correcto, y al cual se puede llegar con un sistema de lenguaje que posee la máxima precisión.

Sin embargo, para el II Wittgenestein la "realidad científica conceptualizada", formulada en un lenguaje, no es la única realidad, ni ella puede pretender explicar y absorber los otros niveles de conceptualización de los diversos juegos de lenguaje.

No podemos hacer una separación tan radical, olvidando por completo el lenguaje, que es en definitiva el instrumento con el cual nos ponemos en contacto con ella. Y estar atentos al funcionamiento de tal lenguaje es muy importante. Dicho lenguaje es en sí mismo el vehículo del pensamiento, de nuestros conceptos ( I. F. 329 ). Y en el complejo laberinto del funcionamiento de éste, hemos de situar la comprensión del término "realidad".

Debemos comprender los diversos usos del concepto "realidad" y los diversos juegos de lenguaje en los cuales éste viene empleado. El término "realidad" hay que situarlo en un contexto, en cada caso, para ver lo que entendemos por la misma.

Si hablamos del mundo de lo "real", hemos de prestarle atención al instrumento con el cuál lo describimos, es decir al lenguaje.


LENGUAJE

El lenguaje es parte de nuestra historia natural como comer, caminar, jugar (I. F. 25); así como es natural que comamos, juguemos, le es natural al hombre el lenguaje ; -no nos estamos refiriendo solo a la expresión verbal-. Este lenguaje natural es parte de la conducta social de la especie y opera sobre un fondo de necesidades humanas en el montaje de un ambiente natural.

El lenguaje natural funciona y responde a unas leyes gramaticales que lo rigen. Y por ello, hay que hacer investigación gramatical.

"Nuestra investigación es gramatical. Tal investigación arroja luz sobre nuestro problema clarificando muchos malentendidos. Malentendidos respecto al uso de las palabras, causados, entre otras cosas por ciertas analogías entre las formas de expresión en las diferentes regiones del lenguaje. Algunas de ellas pueden ser removidas al sustituir una forma de expresión por otra; esto puede ser llamado un "análisis" de nuestras formas de expresión..." I. F. 90

La gramática en la acepción de Wittgenstein es la estructura del lenguaje, es su sistema de reglas. Una gramática es la portadora de todas nuestras expresiones lingüísticas5 .

Tal hecho natural y analizado en su contexto gramatical, ocurre en un tiempo y un espacio determinados.

"Nosotros estamos hablando del fenómeno espacio-temporal del lenguaje, no de un fantasma aespacial, atemporal." I. F. 108

Es esta coordenada del tiempo y del espacio la que rige el contacto con el mundo, con lo que está dentro de él, con los hechos sobre los que el hombre habla. El tiempo y el espacio son el escenario de la formulación de las proposiciones.

Esta perspectiva de Wittgenstein respecto al lenguaje es simple y compleja a la vez. Es simple, ya que no se está preguntando por la esencia de una entidad lingüística independiente -no se trata de hacer ontología lingüística- sino que se ocupa del lenguaje ordinario, el que usamos diariamente. No se está preguntando por las propiedades del mismo; se trata más bien de comprender su funcionamiento.

Es compleja, ya que si bien ese hablar forma parte de nuestra historia natural, es un hecho natural complejo:

"El lenguaje es un laberinto de senderos: usted se acerca por un lado y conoce el camino; se acerca al mismo lugar desde otro lado, y ya no sabe más el camino". I. F. 203

Además es compleja, porque este lenguaje no tiene una única raíz, sino que está diversamente enraizado. Esta variabilidad es la que se propone analiza el autor a lo largo de sus obras; es esta múltiple raíz la que le permitió adelantar interesantes conclusiones.

Wittgenstein incursionó en el laberinto lingüístico y propuso considerar unos hechos con el fin de recorrer un camino muy diverso al que estamos acostumbrados a recorrer; para eso le sirven sus ejemplos imaginarios. Por nutrir nuestro pensamiento con un solo tipo de ejemplos, por considerar el lenguaje desde un único ángulo, corremos el peligro de encantarnos lingüísticamente, y por supuesto de padecer la enfermedad filosófica ( I. F. 593).

Sus consideraciones sobre el lenguaje están en intima relación con la naturaleza de su método filosófico, cuyo interés es terapéutico. Nuestro "motto", nos dice, podría ser: no nos dejemos encantar (Z. 690). El tratamiento filosófico de una cuestión es como el tratamiento de una enfermedad (I. F. 255). A menudo estamos embrujados por una palabra, por ejemplo "saber", "creer", "entender", "pensar". (O.C. 435)

Veamos ahora de qué manera el lenguaje es el medio por el cual hacemos contacto con la realidad. ¿Cuál es la relación entre realidad y lenguaje?

Nos hace tres recomendaciones:

a) Ciertamente los términos lenguaje y realidad están en relación, pero en vez de hablar de la primacía del uno o del otro, Wittgenstein se interesa por caracterizar el funcionamiento de ambos, y más especialmente el del lenguaje.

b) En lugar de hablar de una sola conexión entre ambos términos, propone una serie de conexiones diferentes que los entrelazan. Lo hace a medida que caracteriza los diversos usos en los diferentes juegos lingüísticos, que aluden a situaciones particulares.

c). Wittgenstein plantea tal relación en términos del significado. Hasta qué punto el discurso sobre el mundo es significativo, de qué manera los conceptos son unidades de significado. Para comprender el problema del significado debemos comprender las conexiones que el lenguaje establece con la realidad.

El binomio realidad - lenguaje incluye además el binomio objetos - lenguaje. Veamos también apartes de ésta relación.


2.2. LENGUAJE - OBJETOS.

Platón en el Cratilo, (x, 390b -391b; xL 432c - 434b) establece así la relación entre las palabras y los objetos: las palabras corresponden esencialmente a los objetos. Hay una naturaleza de la cosa a la que corresponden las palabras. Si algunas veces sucede que no usamos la palabra correcta para designar algo, es porque nosotros no hemos re-conocido el objeto, la cosa.

Para Agustín, a todo término le corresponde un significado y este significado es el objeto al que término en cuestión nombra (Confes. I, 8)

Se ha explicado también esta relación, acudiendo a la definición ostensiva. Creemos que la relación palabra-objeto ocurre en la definición ostensiva. Señalo el objeto y lo nombro. Los diversos nombres los aprendo por definición ostensiva. Me puedo referir a un objeto hablando y señalándolo. (I. F. 1, 28, 30, 38, 362, 380.)

Pero Wittgenstein advierte: señalar al objeto no es esencial en todos los casos; imaginemos por ejemplo que alguien estuviese hablando por teléfono y dijera: "esta mesa es demasiado alta", señalándola. ¿Cuál es el rol que tiene aquí señalar para la otra persona? (P.I. 670) No siempre las palabras están para reemplazar los objetos a los que aluden; pensemos en palabras como "fuera", "bien", "no", no tiene referente ostensivo. (I. F. 27).

La definición ostensiva explica el uso-significado de la palabra cuando está dado completamente el rol que ella cumple dentro del juego de lenguaje. Los conceptos adquieren significado no cuando señalamos el objeto nombrado, sino cuando aprendemos su uso dentro de un determinado juego de lenguaje. La definición ostensiva si funciona pero en el marco de un juego de lenguaje; por ejemplo: un nombre propio, el nombre de un color, de un numeral y en cada caso, la definición ostensiva es interpretada diversamente. (I. F. 28)

Sentimos que nos apoderamos de los objetos cuando los nombramos, cuando decimos las palabras, y creemos tener una posesión directa de ellas. En todo ese proceso nos corresponde una seguridad. Es "así" como me apodero del nombre de una cosa (O.C. 511) Pensamos el objeto, y de él derivamos su descripción en palabras, y su significado está en relación con ellas.

Para Wittgenstein, en cambio, el significado de las palabras consiste no en referenciar a ciertos objetos, sino en las reglas de un determinado juego de lenguaje, que implica a su vez un determinado funcionamiento conceptual.

Podemos usar palabras que no tengan correspondencia en un objeto real, tales como "ahora", "después". El significado de una palabra no es una cosa que corresponda a la palabra, y no todas las palabras funcionan de la misma manera.

Se dice que las palabras o las frases las usamos para designar los objetos o para designar las personas. ¿Qué conecta mis palabras con una persona cuando me dirijo a ella? Generalmente se cree que esta conexión se hace en el pensamiento, pero es al decir, al pronunciar las palabras, al hablar, cuando yo entro en relación con ellas. Tenemos la idea de que la relación con las personas o con las cosas se alcanza cuando se llega al modelo que esperamos encontrar en la realidad. Y no vemos de qué manera se encuentra; tampoco podemos comprender la naturaleza de este "deber". Creemos que debe estar confiscado en la realidad, y de hecho pensamos que lo aprehendemos ya en ella (I. F. 101); es así como habitualmente pretendemos hacer el ajuste objetos - concepto - lenguaje.

¿Qué conexión existe entonces entre objetos y lenguaje? ¿Dónde tiene lugar tal conexión?

A Wittgenstein no le satisfacen las respuestas de tipo psicológico para explicar tal relación, ni acude tampoco a explicaciones de tipo histórico-natural porque sus reflexiones no pertenecen a ninguno de estos dos campos.

Enfrenta el problema de esta manera:

"El acuerdo, la armonía entre pensamiento-lenguaje y realidad consiste en esto: si yo digo falsamente que algo es "rojo", entonces para todo eso ello no es "rojo". I. F. 429

"Como todo lo metafísico, la armonía entre pensamiento y realidad se debe fundar en la gramática del lenguaje" Z. 55.

"Es en el lenguaje donde todo está dado". Es en el lenguaje donde tiene lugar tal conexión, no en la mente; de allí la importancia de poner atención al funcionamiento del lenguaje. Es en la palabra, en el lenguaje donde hemos de situar la relación del binomio que nos ocupa. Sabemos por ejemplo lo que alguien está pensando, o lo que pensó, cuando viene expresado, dicho, en un sistema conceptual, en un sistema verbal, en lenguaje. Aceptar esta explicación, significa cuestionar las diferentes teorías que en filosofía se han propuesto explicar la existencia de los estados mentales, como estados puros, autónomos e independientes.

El nivel del lenguaje en el cual está fundada tal relación es el gramatical. Y no existe una gramática única que nos obligue; por ello la relación "realidad - objetos - lenguaje" no se puede concebir en una única dirección. I. F. 304

La "realidad" según vimos, no dicta de manera independiente lo que debemos decir sobre ella, sino más bien los hombres expresamos, decimos, formulamos oraciones sobre el entorno, sobre las cosas, sobre lo que denominamos realidad, y lo hacemos usando el instrumento del lenguaje. Por ello, en vez de hablar de la primacía de alguno de los dos componentes de tal binomio, debemos observar el funcionamiento de cada uno de ellos. Ni la realidad impone de manera independiente lo que el hombre debe decir sobre ella, ni el lenguaje ocurre en una esfera aislada.. Es en la combinación de ambos donde se produce el discurso humano sobre la realidad. Ahora, en tal combinación los "conceptos" tienen una lógica especial de funcionamiento.

Nos preguntamos entonces: ¿De qué manera se ajustan los conceptos a la realidad? O ¿ Los conceptos son entidades independientes y pueden funcionar de una manera libre y arbitraria? ¿Podemos pensar que hay un sistema conceptual - un lenguaje, que sea el único correcto y por lo tanto se puede hablar de un absolutismo conceptual? ¿Se puede hablar de un absolutismo conceptual que sea el único modelo que se ajuste a la "realidad"?

O por el contrario ¿Cuál es la naturaleza, el funcionamiento y la "lógica de los conceptos" y que son la materia prima del lenguaje? 6

"Estar capacitados con muchos lenguajes nos previene de tomar seriamente una filosofía la cual subyace en la forma de única. Pero aquí nosotros somos ciegos por el hecho de que nosotros mismos tenemos fuertes prejuicios en pro y en contra de ciertas formas de expresión" Z. 323


Concluyamos el examen de las relaciones del lenguaje con uno de los lugares comunes constantes sobre los cuales se ha teorizado en filosofía, en este caso la relación lenguaje-pensamiento, con el fin de despejar finalmente otros posibles malentendidos.


2.3. LENGUAJE Y PENSAMIENTO.

Siempre se ha dicho que hablar sobre los asuntos de la filosofía es hablar sobre los asuntos del pensamiento. Y hablar sobre los asuntos del pensamiento es necesariamente en algún sentido, hablar de los asuntos del lenguaje.

Esta relación se ha planteado de muy diversas maneras y en buena medida quienes lo han hecho, se han preocupado más por la determinación de la prevalencia cronológica de alguno de los dos. Nos hemos preguntado insistentemente y quizás innecesariamente qué es primero, el pensamiento o el lenguaje. En filosofía, el tratamiento de este problema ha suscitado las más variadas posiciones.

L. W. prefiere tratar el problema de la siguiente manera: el problema del pensamiento y del lenguaje es un problema simultáneo. El pensamiento esta incrustado en el lenguaje. Estamos habituados a concebirlos de manera separada y es necesario trabajar el binomio de manera conjunta. El lugar del pensamiento es el lenguaje. Pensamos, a medida que usamos el lenguaje; la proposición es el lugar en el cual se enuncia el pensamiento. Cuando damos prioridad a alguno de los dos, hacemos una clasificación inapropiada y por esta razón se presentan confusiones en nuestras apreciaciones sobre el tema.

Si decimos que estamos pensando y luego expresamos lo que pensamos, nos puede suceder que las cosas que enunciamos no coincidan con lo que decíamos estar pensando.

No es posible hablar del pensamiento sin lenguaje. El pensamiento está preso en el lenguaje, esta incrustado en el lenguaje y si es así, no podemos desentendernos del lenguaje para hacer las consideraciones pertinentes sobre el pensamiento. La manera como funciona el lenguaje, determina la manera como funciona el pensamiento. Pensar significa hablar un lenguaje. Y poseer un lenguaje significa poseer una cultura, una forma de vida en la cual el lenguaje tiene su mejor expresión.

La relación de la realidad con el pensamiento, la duplicación yo-mundo, se refleja en el pensar. Y el lenguaje es el vehículo del pensamiento. Por ello el lenguaje es el medio en el que el yo y el mundo se duplican y se refieren el uno al otro.

El Pensar y el lenguaje forman parte del mismo conjunto. A veces creemos que pensar es un proceso que acompaña el hablar. Pero si lo consideramos más de cerca, el pensar no es un proceso concomitante que se añade, sino que es un proceso que se incrusta en el lenguaje. Por lo tanto si el lenguaje y el pensar forman una unidad, el lenguaje no puede estar contenido en el pensar, no puede encontrarse en el "espíritu". Solo podemos tener pensamientos en expresiones articuladas.

Si el lenguaje no funciona en una única dirección, significa que es necesario constatar las diversas formas en las que el pensamiento tiene lugar. El pensamiento entonces, tampoco funciona en una única dirección. ¿Qué significa entonces PENSAR?


3. DE LA LOGICIZACION DEL LENGUAJE A LOS JUEGOS DE LENGUAJE.

En esta parte final nos vamos a referir a las unidades mínimas del lenguaje, a los conceptos, a la lógica de los conceptos, uno de los argumentos más interesantes sobre los que es necesario hacer claridad. Comprender la lógica de los conceptos es comprender el lenguaje en el cual ellos tienen su nicho. Y establecer las reglas de tal lógica, es contribuir con las aclaraciones de nuevos malentendidos que se presentan en el lenguaje.

Señalemos para concluir, dos nuevos malentendidos: el primero tiene que ver con una concepción esencialista del mundo que conllevaría la creencia en un submundo en el cual éstas existen - las formas esenciales- y lo que nos correspondería sería develarlas; el segundo malentendido tiene que ver con la expectativa que abrigamos con la posibilidad de un lenguaje ideal, que nos llevaría - de manera ilusa para el autor- a descubrir y enunciar de manera precisa lo fundamental de nuestros discursos.


3.1. HAY ESENCIAS OCULTAS QUE DEBA DESCUBRIR EL LENGUAJE?

El esencialismo cree en la existencia de un "elemento común", como sustrato en el cual están contenidos los diferentes conceptos particulares. Es un elemento común, que, como estructura común, se halla en todas las proposiciones. Vehementes expositores de esta posición, son Frege, Rusell y Moore.

En el Tractatus el propio Wittgenstein planteaba la existencia de una "mismidad" como el lugar y el sitio en el cual estarían fundadas nuestras formulaciones conceptuales.

Ambas propuestas están relacionados, ya que la determinación de tal elemento común es precisamente el resultado de la identificación de la "mismidad". En ambos casos los conceptos - que son las unidades mínimas del lenguaje- tienen un carácter independiente y absoluto7.

Según G. Frege, cuando usamos el mismo signo para cosas diversas, estos son similares entre sí; realmente ya no designamos las cosas individuales, sino el elemento común a todas ellas: el concepto. Por tal designación, adquirimos nosotros el concepto.

Para B. Russell, una palabra, un concepto, es general cuando es aplicado a un número de objetos diferentes en virtud de una propiedad común entre ellos. Lo mismo sucede en el caso de los nombres propios: en varias proposiciones donde ocurra el concepto "Sócrates", y el concepto "mortal", hay un elemento común; y así se explica la gran mayoría de los conceptos.

Moore se inclinó a pensar que la similitud entre diversos objetos blancos consiste en el hecho de que hay como un blanco puro dentro de ellos, como una entidad de blanco que sería el elemento común entre ellos.

Los tres autores admiten la existencia de este "elemento común" como el término general y en él la existencia de un concepto que representaría pictóricamente tal esencia. Este elemento común permite pensar un lenguaje exacto, como un cálculo regulador y definido, producto de las abundantes esencias que hay en el mundo.

En el Tractatus el autor sostenía una posición parecida. Hay una relación interna de representación entre lenguaje y mundo; hay un orden "a priori" común a ambos. El intento de este tipo de teoría es creer que se llega a la esencia misma de la cosa por medio de la aprehensión que de ella se hace en el lenguaje. Podría decirse que esta esencia está como escondida para nosotros y hay que descubrirla por medio de la proposición, por medio del lenguaje; debemos develar tal esencia que está dada en la estructura interna de las cosas. El esfuerzo del Tractatus, consiste en parte en la identificación de las estructuras formales de la lógica simbólica como clave para entrar en la esencia ideal de la proposición y del lenguaje. Hay una esencia de la proposición y del lenguaje que posee la capacidad de sugerir la "mismidad", la exactitud, y por ende la fijación de sentido:

"Tenemos la sensación de poder aferrar la esencia de la cosa, al fijar la mirada con toda agudeza y atención sobre el hecho". I. F. 113

Wittgenstein entra en contradicción con los filósofos de su época, cuyas posiciones describían tal elemento común, y con sus pretensiones del Tractatus. Y ciertamente sus puntos de vista cambian. Veamos apartes de su nueva propuesta.

Se pregunta el autor: ¿Cómo hacemos nosotros para distinguir lo que es esencial de lo que es inesencial o accidental en una determinada notación? ¿Hay una realidad detrás de tal notación proposicional que nos determine tal esencia?

Y responde: tenemos la tentación de lo esencial y es porque nos confundimos muy fácilmente acerca del significado de los conceptos que designan tal notación. La palabra "significado" la usamos ilícitamente para designar una correspondencia significativa entre cosa y palabra. Estamos confundiendo el significado de un nombre con el portador del mismo. (I. F. 40). Y tal reducción es sencillamente el resultado de una mala comprensión del lenguaje.

Las expectativas que surgen en dicho esencialismo lingüístico están basadas en dicha confusión. Es el verbo "significar" y su gramática la que nos confunde y nos lleva a formular modelos inadecuados como aquellos de Frege, Russell, Moore y aún el modelo propuesto en el Tractatus. El significado no es una actividad por medio de la cual proyectamos, entresacamos fuera el sentido de los signos. (I.F. 693).

Además de la confusión que nos provoca el verbo "significar", hay otra serie de palabras, de conceptos, que ejercen sobre nosotros el mismo influjo y que nos llevan a buscar tal esencia:

"Cuando los filósofos usan una palabra como "conocer", "existencia", "yo", "proposición", "nombre" y se trata de aprehender, la esencia de la cosa, siempre debemos preguntarnos: ¿de qué manera se usa esta palabra en el juego de lenguaje, que es como su lugar original? I. F.I. 1168.

A la idea de esencias constantes, Wittgenstein opuso la noción de "parecido familiar" (Family resemblance). Esta noción pone en cuestión el denominador común, el elemento común significante, ya que hay incontables clases de usos de lo que nosotros llamamos símbolos, conceptos, frases. I.F. 23. Es la variedad de los miembros de familia y sus parecidos lo que nos evita creer en las propuestas del esencialismo9.

La preocupación por la esencia implica la determinación del "caso", como el modelo en el cual se apoyaría finalmente toda explicación acerca de los conceptos. Pero es sencillamente porque:

"estamos bajo la ilusión de que lo que es sublime, lo que es esencial acerca de nuestra investigación consiste en aprehender una esencia incomprensible". Z. 444

No hay un caso que sea el modelo esencial que esté justificado por sí mismo y al cual en consecuencia le correspondería una esencia a partir de la cual derivaríamos los casos particulares. No hay un elemento común general que se realiza en los particulares.

La esencia sería el "caso" y ella sería la que nos confirmaría la existencia de un tipo de conceptos absolutos. Wittgenstein, por el contrario, prefiere considerar los varios casos particulares en los cuales se dan unos usos específicos, según las reglas de la gramática.

Hablar de una esencia, es hablar de la "mismidad" de las cosas, la cual sería a su vez origen y fuente de formulaciones conceptuales determinadas. Es como si en la cosa y en su forma, lográramos entrever lo que se ajusta a ella. Es creer erróneamente en el paradigma infalible de la "identidad", de la precisión. Y según Wittgenstein no hay un ejemplo más bello de una proposición inútil, basado solo en un juego de la imaginación.

El autor se pregunta de nuevo: ¿Cuál es el criterio de la "mismidad"? ¿Cuál es el criterio de la precisión? ¿Nos estamos refiriendo a lo mismo cuando dirigimos nuestra atención a los colores, como en el caso de Moore?10

A la "mismidad", Wittgenstein contrapone la multiplicidad de usos de conceptos - del lenguaje - que funcionan de manera diversa permitida por la vaguedad de la naturaleza misma de todos los conceptos en general, de cualquier tipo. Los diversos conceptos corresponden a unos juegos de lenguaje que son los que en definitiva determinan la cuestión. A cada juego de lenguaje corresponden unos criterios, unas reglas, unos sistemas, unos contextos, unas formas de vida, que son el ámbito de la lógica de los conceptos y de su funcionamiento.

En síntesis digamos:

Nos engaña una aparente esencia; este encantamiento lo superamos cuando nos damos cuenta de los diferentes parecidos familiares que se dan en los diversos casos particulares que analizamos.

La esencia está contenida en la gramática: I. F. 371; por ello, en lugar de buscar el "elemento común", el término general de los diversos conceptos particulares, prestémosle atención a la gramática, ya que en ella está expresada la esencia. La gramática del lenguaje nos dice la clase de objeto al cual nos estamos refiriendo.

En el Tractatus, así como en otras tendencias afines, planteabase un sistema conceptual independiente y absoluto, con carácter de exactitud y corrección, derivado de la exactitud y precisión de un tipo de lenguaje con reglas exactas y definidas. El II Wittgenstein cuestiona tales pretensiones. A la expectativa de encontrar la estructura esencialista que en cierta medida nos sugiere una forma absoluta, contrapone el análisis de diversas clases de casos que los propone en ejemplos concretos, para observar como se usan tales conceptos.

La esencia no es algo misterioso que subyace bajo la superficie, o algo que deba ser traído a la mente después de un análisis, sino que es algo que ya está a la vista y que podemos estudiar mediante un re - ordenamiento. I. F. 92 Este re - ordenamiento se logra cuando se comprende la lógica del funcionamiento del lenguaje. "Todo está en el antejardín" nos dice un tanto irónicamente.


3.2. ¿HACIA UN LENGUAJE IDEAL?

Otra de las posiciones que Wittgenstein cuestiona es la que se refiere a la propuesta de un lenguaje ideal. Por una parte, porque era una tendencia fuerte de la época y por otra, porque él mismo dió la impresión de estar interesado en la construcción de un lenguaje ideal.

¿En qué consiste el lenguaje ideal y cuál era su propósito? De hecho, con los modelos de precisión de las ciencias experimentales y que se constituyen en desafío para la filosofía, estamos tentados a construir modelos de precisión y de exactitud de un tipo de lenguaje ideal, un lenguaje modelo para el caso de la filosofía. Según esta propuesta, los conceptos que este lenguaje contendría serían únicos, absolutos, y se deberían asumir como el instrumento de conocimiento más cierto y exacto de la realidad. La idealidad científica es una tentación que tenemos en filosofía, según Wittgenstein a los filósofos las confronta el método de las ciencias y muchas veces se han dejado llevar por él. I. F. 109.

En lógica, queremos decir, no puede haber nada vago. Y tenemos la idea de que el "ideal" debe encontrarse en la realidad... Creemos que debe estar confiscado en la realidad. I.F. 101

Creemos que tal ideal existe en la realidad y sólo nos restaría identificarlo. Es como un diseño ideal que al ser identificado nos obliga a continuar las cosas como tal idealidad las presentaría.

Veamos cuál era la propuesta del Tractatus al respecto: una de las preocupaciones principales de esta obra era la de explicitar la relación entre el lenguaje ideal y el lenguaje ordinario, para indicar cómo habrían de ser analizadas las proposiciones cuotidianas con miras a demostrar su apariencia no pictórica y descubrir la estructura del mundo, en la medida en que la naturaleza del lenguaje revelaba ésta, como pre-condición de la posibilidad de las proposiciones.

Para evitar estos errores debemos emplear un simbolismo que los excluya, no usando el mismo signo en símbolos diferentes ni usando aquellos signos que designan de un modo diverso, de manera aparentemente igual. Un símbolo, pues, que obedezca a la gramática lógica - a la sintaxis lógica.

El Tractatus apuntaba a la construcción de formulaciones puras, lógicas inequívocas imaginadas por la lógica de Frege y Rusell no como un objeto de comparación con el que nuestro lenguaje pudiese ser contrastado, o con una extrapolación irreal a partir de nuestros procesos de análisis, sino como algo que estaba presente en la proposición. Y puesto que no estaban presentes en la letra de la proposición, deben estar presentes en la proposición tal como está el pensamiento, un extraño intermediario entre oración y hecho, un fantasma no-espacial, e intemporal I. F. 108.

El lenguaje ideal debería encontrar una serie conceptos, que se propondrían como los correctos y exactos, que deben superar los del lenguaje ordinario, ya que éste en sí mismo no posee ni la claridad ni la exactitud de lo que nosotros debemos decir sobre la realidad. Ello se logra con un lenguaje ideal, que supere toda suerte de equivocidades y cuyas formulaciones son las únicas que nos dicen ciertamente lo que la realidad es.

¿Cuál es la posición del II Wittgenstein frente a esta expectativa?

Wittgenstein en su segundo periodo ciertamente no siguió sosteniendo esa posición, ni tuvo la pretensión de construir un lenguaje ideal. Reducir el lenguaje a tal mito de la exactitud y de la precisión, para el caso de la filosofía, es más bien el fruto de otro malentendido.

La expresión "lenguajes ideales" puede producirnos nuevos malentendidos, porque nos sugiere un lenguaje mejor o más completo que nuestro lenguaje ordinario, cotidiano y como si tuviésemos necesidad de un tipo de lógica para revelar la realidad última y finalmente mostrarle a los hombre cuál es el sentido propio y verdadero de una proposición. I. F. 81

Es un lenguaje que se piensa como el más perfecto, el más correcto y el más exacto. El autor propone sospechar de tal idealidad; ella surge porque hemos malentendido el rol del "ideal" en nuestro lenguaje. Wittgenstein no cree posible la regularización del lenguaje y en sus estudios posteriores al año 35 desestimó tal intención; los juegos diversos del lenguaje reconocidos por él, no se pueden entender como estudios preparatorios para una futura regularización del lenguaje.

"Aquello de lo que me defiendo es del concepto de una exactitud ideal que nos hubiese sido dada a priori por así decirlo. En épocas distintas, son distintos nuestros ideales de la exactitud, y ninguno es superior" (O. 1931).

Cuando creemos en tal ideal, sentimos como una obligación forzosa, un tener que encontrar un orden implícito; es como si tuviésemos un deber imperativo sin más alternativa que el de seguirlo forzosamente. Esta obligación es una idea que nos absorbe y aunque no veamos la naturaleza de éste "cómo debe de ser", lo creemos fundado en la realidad. Esto es lo que nos lleva a sentirnos insatisfechos con lo que ordinariamente, en lenguaje ordinario llamamos "proposiciones", "conceptos", "signos". I. F. 105 Este deber imperativo, es una especie de idea preconcebida, que superamos fácilmente cuando damos una mirada amplia alrededor nuestro y observamos cómo funciona el lenguaje.

Se espera que el lenguaje ideal contenga reglas fijas, que servirían para determinar su exactitud; siguiendo tales reglas, obtendríamos tal idealidad. El II Wittgenstein ya planteó que las reglas del lenguaje son reglas gramaticales y que éstas no funcionan con tal rigidez; las reglas gramaticales son reglas más de carácter convencional y obedecen a un determinado tipo de funcionamiento, pero ciertamente no en un sentido único, de manera fija y determinada. Unas reglas rígidas determinarían una gramática fija que sería inconcebible; en cambio, unas reglas dinámicas nos explican la variabilidad del funcionamiento lingüístico.

Por desconocer cómo funciona el lenguaje buscamos construir lenguajes ideales. Esto nos sucede en filosofía con los conceptos de "entender", "pensar", "significar"; si describimos sus diversos usos, desaparece la necesidad de sustentar la idealidad en el lenguaje. Todo concepto en el lenguaje, lo debemos enmarcar en juegos específicos de lenguaje para los cuales se tiene un determinado significado.

El filósofo centra su atención igualmente en los "casos paradójicos" que se relacionan con tal idealidad. Se trata de conceptualizaciones básicas que poseen una función de verdad absoluta, única e independiente: el caso paradójico parece inalterable. Nos debemos cuidar de creer que, a la naturaleza del caso, correspondan unas condiciones que una vez satisfechas nos obligarán a concebirlo de forma absoluta.

Las paradojas en filosofía pueden desaparecer solamente si hacemos una ruptura radical con la idea de que el lenguaje funciona en una única dirección y siempre sirve al mismo propósito. I. F. 304

El caso paradójico es un caso gramatical y no hay una gramática que nos obligue. Para resolver el problema de las paradojas filosóficas Wittgenstein considera el rol múltiple que tienen las palabras en nuestro lenguaje. El juego que hacemos con tales palabras, el uso que hacemos de tales conceptos en el comercio lingüístico, requiere un examen que comprenda la lógica de su funcionamiento; en vez de proponer un tipo de lenguaje ideal como modelo de exactitud y precisión, se hace necesario observar cómo funcionan los diversos juegos de lenguaje. Y este es el final de un nuevo encantamiento.


Nos quedaron cosas muy importantes por fuera de nuestra exposición. Pero habernos acercado a algunos tópicos que seguramente nos han provocado un sinnúmero de preguntas, bien sea para controvertirlas o para articularlas a nuestro propio trabajo filosófico, justifican el espacio que le hemos dedicado al tema del lenguaje y su relación con los asuntos filosóficos. Espero que a lo largo de la exposición hayamos confirmado la necesidad que tenemos en filosofía, de ocuparnos del lenguaje.

Solía decir nuestro autor: "el saludo entre los filósofos debe ser, date tiempo." Ojalá nos demos el tiempo necesario para evaluar el pensamiento de L. Wittgenstein, pues considero que dará todavía mucho que hablar en este nuevo siglo, en una u otra dirección: y este sería un buen homenaje a su memoria.


Muchas gracias.

Juan Guillermo Hoyos M.
Profesor Instituto de Filosofía.
Universidad de Antioquia.

Jueves 26 de abril de 2001.


Citas y Notas

1. Tuve la ocasión de realizar mi trabajo doctoral sobre este autor, y trabajé directamente en el Trinity College sobre sus manuscritos; discutí con una de sus alumnas más reconocidas y apreciadas por el propio Wittgenstein, y una de las autoridades más respetadas en la materia, la Profesora G. E. Anscombe; he tenido la asesoría de especialistas sobre el tema - mi director de tesis, el Dr Karl Huber ( alemán ) y el Dr Garth Hallet ( norteamericano ) quienes han escrito con un gran rigor sobre este autor- y después de asistir a un buen número de simposios que se ha ocupado de él, reafirmo mi convicción. Vale la pena leerlo y ahondar en sus planteamientos.
2. El Neopragmatismo contemporáneo, - de corte Norteamiericano- presidido en buena medida por Richard Rorty y otros filósofos contemporáneos , destacan la influencia que ha ejercido en ellos la obra de L Wittgenstein. Advirtamos que hay claras coindiencias, pero también notorias diferencias.
3. Este tema es el que ha dado origen a mi tesis doctoral, que tiene el título LA LOGICA DE LOS CONCEPTOS.
4. Es necesario comprender los alcances de las afirmaciones permanentes del autor sobre el término Gramática. Insiste en que sus observaciones filosóficas son observaciones gramaticales. Nos dice " todo está condensado en una gota de gramática. " Hay estudios muy confiables sobre el tema.
5. En mi tesis estudio este problema, a partir de algunos casos imaginarios que nos sirven de modelo de formaciones conceptuales alternativos, con el fin de mostrar la estructura relativa de nuestros actuales sistemas conceptuales.
6. En esta parte de nuestra conferencia nos vamos a referir constantemente a los campos conceptuales que son el lugar donde se encarna, se incrusta el lenguaje.
7. Toda la sección XI de la parte II de Las Investigaciones Filosóficas tiene como finalidad mostrarnos lo inadecuado del modelo esencialista único propuesto en el Tratactus. Allí nos propone las múltiples posibilidades del significado de "ver" con sus diversas implicaciones.
8. La noción de "Parecido familiar " es clave en la comprensión de la teoría del significado. A nosotros nos confunden los parecidos de familia y por esta razón comenzamos
9. La noción de "Parecido familiar" es clave en la comprensión de la teoría del significado. A nosotros nos confunden los parecidos de familia y por esta razón comenzamos a construir muchos malentendidos.
10. En mi tesis trabajé el problema aplicándolo a los conceptos sobre colores, sensaciones y los de la matemática.



SIGLAS
T: Tractatus Logico-philosophicos
GF: Gramática Filosófica
IF: Investigaciones Filosóficas
OC: Sobre la Certeza





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Lecciones sobre Wittgenstein


Felipe Giménez. Profesor de filosofía de IES.

1. Introducción. El lenguaje como representación figurativa en Wittgenstein.
Wittgenstein (1889-1951) nos presenta su atomismo lógico en un breve escrito titulado Logisch-Philosophische Abhandlung o "Tractatus Logico-Philosophicus. La forma de numeración de los parágrafos del Tractatus pretende expresar la importancia lógica que Wittgenstein daba a cada una de sus afirmaciones en relación con las demás. Así, la obra contiene siete afirmaciones principales numeradas de 1 a 7, y el resto constituyen comentarios sobre éstas. Las siete aserciones principales contenidas en él son las siguientes:
1. El mundo es todo lo que acontece.2. Lo que acontece, el hecho, es la existencia de estados de cosas.3. La representación lógica de los hechos es el pensamiento.4. El pensamiento es la proposición con sentido.5. La proposición es una función veritativa de proposiciones elementales (la proposición elemental es una función veritativa de sí misma).6. La forma general de la proposición es: [¬p,¬X, N ¬(X)]. Esta es la forma general de la proposición.7. Sobre lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio.
La idea básica y rectora del proyecto de Wittgenstein es que la lógica conecta con la metafísica a través del análisis formal del lenguaje. Por lo que, si se considera este último como una simple aplicación de la lógica, puede afirmarse que la filosofía se compone de lógica y de metafísica.
La lógica es la base de la metafísica porque la lógica es la que determina la estructura del lenguaje, y en virtud del principio de la isomorfía entre lenguaje y realidad, la que expresa asimismo la estructura de la realidad. Por eso puede decir Wittgenstein que la lógica es la imagen del mundo en un espejo (Tractatus, 6.13) El Tractatus comienza tratando la estructura del mundo, esto es, empieza por la metafísica, para desarrollar luego la teoría del lenguaje o teoría de la proposición y acaba con la teoría de la lógica que es fundamentalmente una teoría de las funciones veritativas.
2. La teoría de la figura o representación.
En esta teoría se relaciona el pensamiento con el lenguaje y con el mundo. El pensamiento es representación. El lenguaje es una representación. Según esta teoría, una proposición es una figura (o una representación de una parcela de la realidad. Una proposición es una figura (Bild) o una representación, (una especie de mapa o dibujo peculiar) de una situación real -es decir, existente- o hipotética. Así, comprender una proposición es conocer la situación o el estado de cosas que representa. Ser una figura de una situación es lo mismo que describirla o que ser un modelo de ella:
"Una proposición es una figura de la realidad. Una proposición es un modelo de la realidad tal y como la imaginamos." (Tractatus, 4.01).
Por consiguiente, quien entiende lo que dice una proposición sabe qué hecho describe esta proposición, en caso de ser verdadera, pues su sentido consiste en la situación o estado de cosas que la proposición dibuja o de la que es una figura. En una proposición, dice Wittgenstein, construimos una situación a modo de experimento (4.031), creamos un mundo con la ayuda de un armazón o andamiaje lógico, formado por palabras con significado (4.024). Es de este modo, por tanto, que las proposiciones son modelos. No son paradigmas de nada, sino reproducciones de hechos o de situaciones imaginadas forjadas a base de los recursos que nuestro lenguaje pone a nuestra disposición.
La teoría figurativa del sentido no sólo proporciona una imagen de la naturaleza de las proposiciones, sino que también explica cómo es que una proposición es una figura de la realidad. La explicación de Wittgenstein se apoya en dos premisas. La primera de estas premisas es que una proposición es algo articulado lógicamente (4.031), no una mezcla de palabras sin ton ni son (3.141); que lo que la proposición dice, el pensamiento que expresa, lo dice de una manera, con unos recursos empleados en un orden determinado (3.251).
Además, una proposición, igual que el pensamiento que expresa, debe compartir con la situación que describa -existente o inexistente- una misma estructura, a la cual Wittgenstein denomina forma pictórica o forma lógica. Compartir una misma forma lógica no es lo mismo que decir que los elementos de la proposición estén entre sí en idéntica relación que los elementos de la situación que describa:
"Debe haber algo idéntico en una figura y en lo que representa, a fin de que la una pueda ser una figura del otro. (2.16)
Lo que cualquier figura, o cualquier forma, debe tener en común con la realidad, a fin de poder representarla -correcta o incorrectamente- de algún modo, es la forma lógica, es decir, la forma de la realidad. (2.18)
La relación pictórica consiste en correlaciones de los elementos de la figura con cosas. (2.1514)
El hecho de que los elementos de la figura se encuentren relacionados entre sí de un modo determinado representa que las cosas se encuentran relacionadas entre sí del mismo modo." (2.15).
Wittgenstein habla de dos correlaciones:
a) la de los elementos de la proposición con cosas de la realidad yb) la de las relaciones entre los elementos de la proposición con relaciones entre las cosas de la situación representada.La relación entre los elementos de la proposición y los elementos de la realidad ha de ser una relación isomórfica. Esto significa dos cosas:
a) que a cada elemento de la proposición debe corresponderle un elemento de la realidad, y últimamente uno.b) que siempre que los elementos de una proposición guarden entre sí alguna relación, sus imágenes (es decir, los correspondientes elementos de la realidad) deben guardar entre sí la relación correspondiente.
Las correlaciones de los elementos de la representación con los elementos de la realidad representada constituyen lo que Wittgenstein llama "relación de representación" (Abbildende Beziehung, 2.1514.). Pero para que algo sea una representación en este sentido, ha de poseer, además, lo que Wittgenstein denomina "forma de representación" (Form der Abbildung, 2.15). Para entender esto no está de más recordar el sentido aristotélico del término "forma", como aquello que hace que algo sea lo que es. La forma de la representación es la condición de posibilidad de la representación, hace posible que se de lo representado. Es la posibilidad de que las cosas se hallen relacionadas entre sí como los elementos de la representación (2.151). Lo que hace que algo sea una representación figurativa es que se trata de una estructura de elementos a la que puede corresponder una estructura de cosas en el mundo. Una representación puede representar algo correcta o incorrectamente, verdadera o falsamente, según concuerde o no con los hechos (2.21-2.222). Pero una representación falsa no es menos representación que una verdadera.
Lo que hace de algo una figura o representación es que es posible que se de lo que la representación representa. La forma de la representación es simplemente una posibilidad, la posibilidad de que la representación sea correcta o verdadera. Y esta posibilidad, que es la forma de la representación, es lo común a la figura y a lo representado por ella (2.16-2.17). Lo común es la posibilidad de existencia. Tal posibilidad es idéntica a la figura y a lo representado en ella, aunque esto último sea inexistente (2.161). Si llamamos "mundo posible" a cualquier conjunto de hechos posibles que sea consistente, entonces podemos decir que a toda representación corresponde un hecho en algún mundo posible, y por ello que toda representación es verdadera o correcta en algún mundo posible.
La forma lógica expresa la mera posibilidad de existencia de lo representado sin más determinación. Esto se halla relacionado con la idea de Wittgenstein de que una figura representa una situación posible en el espacio lógico (2.202). El espacio lógico es el ámbito creado por las reglas de la lógica. En ese ámbito, la forma lógica, esto es, la estructura de toda situación o hecho posible en cuanto posible, permite la representación de este último. El espacio lógico y el ámbito de lo posible son lo mismo, pues la lógica es anterior a que los hechos sean tales o cuales (5.552). Sólo puede representarse aquello que es posible, y que, de hecho, será existente o no existente (2.11, 2.201). Si lo representado existe, la representación será verdadera; si no existe, será falsa (2.21). Pero sea lo uno o lo otro, la representación, en cuanto representación, tiene un sentido (Sinn), que es la situación representada (2.22 s). Para decidir si es verdadera o falsa tendremos que comparar la representación con la realidad, a fin de comprobar si lo representado existe o no; en consecuencia, no hay representaciones que sean verdaderas a priori, con independencia de la experiencia (2.223-2.225). Lo único que puede decirnos la lógica es que toda representación es o verdadera o es falsa, pero no si es lo uno o lo otro. La forma lógica, sin embargo, no es parte del sentido de la representación, ya que, en cuanto que es lo que hace posible el representar, no es, a su vez, representada. La forma de la representación, tanto en su aspecto meramente lógico (forma lógica), como en cualquier otra determinación que tenga, no es propiamente representada por la figura, sino exhibida o mostrada por ella (2.172). La representación representa una situación posible y muestra lo que tiene en común con dicha situación, a saber, la forma de representación.
Lo que puede pensarse es posible (3.02), puesto que sólo lo posible puede representarse, y no podemos pensar nada que infrinja la lógica, ya que es la lógica la que crea el ámbito de lo posible, y por tanto, de lo representable (3.03), así como tampoco podemos decir qué aspecto tendría un mundo ilógico (3.031). Por lo mismo, el conjunto de los pensamientos verdaderos nos da una representación del mundo (3.01), y la verdad de un pensamiento, como la de cualquier otra representación, depende de cómo sean los hechos, pues no hay pensamientos que sean verdaderos a priori (3.04 s.).
El signo proposicional es un hecho (Tatsache, 3.14), como lo es cualquier representación (2.141), incluido el pensamiento. Lo que lo hace signo es que sus elementos, las palabras, están articulados, relacionados entre sí de cierta manera (3.14 s.). El sentido de una proposición no difiere esencialmente del sentido de cualquier otra representación isomórfica. El sentido es la correlación estructural que la representación (o la proposición) tiene con lo representado.
Los elementos últimos de la proposición son aquellos signos simples a los que llegamos cuando la hemos analizado del todo. Según Wittgenstein, estos signos son nombres (3.2-3.202). "El nombre significa (bedeutet) el objeto y éste es su significado (Bedeutung)" (3.203). Esto es una teoría referencialista del significado. Las proposiciones se descomponen en nombres, sus elementos o signos más simples no son sino nombres, y el significado de éstos es, simplemente, el objeto al que cada uno se refiere.
A los nombres de la proposición corresponden los objetos del hecho representado, y a la configuración de aquéllos en la proposición corresponde la configuración de los objetos en el hecho (3.21s.). De aquí que la única manera de hablar de los objetos sea nombrándolos, mientras que los hechos o situaciones no pueden, en cambio, ser nombrados, sino sólo descritos (3.144 y 3.221). Describir es representar la estructura del hecho por medio de la estructura (isomorfa) de la proposición; tal estructura es el sentido (Sinn) de la proposición. Nombrar es poner un signo simple en el lugar de la estructura que corresponde a un objeto; un signo es un nombre sólo cuando funciona como tal en el contexto de una proposición. Por ello afirma Wittgenstein:"Sólo la proposición tiene sentido; sólo en la conexión de la proposición tiene referencia un nombre" (3.3). Para Wittgenstein, un nombre, si lo es realmente y en sentido lógico, se reduce a nombrar, y por tanto no puede tener sentido; si tuviera sentido serviría para describir el objeto, y entonces no sería un signo simple, sino que encerraría alguna complejidad. De modo contrario, una proposición tiene sentido, a saber, el hecho posible que representa, pero no puede tener referencia, pues la proposición no es nombre de nada. Los nombres poseen referencia, pero no sentido; las proposiciones tienen sentido, pero no referencia. El sentido de las proposiciones consiste en su isomorfía. Los nombres no pueden ser descompuestos ulteriormente por medio de una definición, puesto que son signos simples y, por tanto, primitivos (3.26). Ahora bien, lo que no se expresa en el nombre (a saber, su conexión con el objeto), lo muestra su aplicación (3.262); por eso, la denotación de los nombres, o signos primitivos, puede explicarse por medio de aclaraciones, esto es, por medio de proposiciones que contengan dichos signos (3.262). El uso de estas proposiciones mostrará a qué se refieren los nombres que aparezcan en ellas. Pero tales proposiciones sólo pueden entenderse si se conoce la denotación de sus signos. La conclusión es que el uso de un lenguaje presupone la conexión entre sus signos simples y los objetos del mundo, y que esta conexión no puede ser propiamente explicada, sino simplemente mostrada, enseñando cómo se usa el lenguaje.
Únicamente a las proposiciones elementales les es aplicable el principio de isomorfía. Las proposiciones complejas contendrán, además de nombres, elementos a los que nada corresponde en la realidad, como, por ejemplo, los cuantificadores, diferentes partículas conectivas, etc. Una proposición simple es, para Wittgenstein, una estructura o concatenación de nombres (4.22). Los símbolos simples son nombres, y las proposiciones elementales son funciones de nombres (4.24).
3. La ontología empirista atomista lógica.
Wittgenstein concibe el lenguaje como la totalidad de las proposiciones. Esto equivale a afirmar que el lenguaje es la totalidad de las figuras de todas las situaciones existentes o inexistentes.
Los hechos del lenguaje y los del mundo no son sino los valores de las variables lógicas, y, en el fondo, los valores de la única variable lógica: la forma general de la proposición, esencia del lenguaje y del mundo. Describir el mundo es describir los símbolos lingüísticos: dar sentido a las proposiciones o valores a las variables que las definen. En eso consiste la construcción lógica del mundo. El mundo que segregan las formas es el único mundo para la razón: el mundo-totalidad-de-hechos-en-el-espacio-lógico. Mi mundo. El mundo.
Los elementos de la proposición que tienen correlatos en el mundo o en las situaciones imaginarias son los signos simples o nombres. Su función en la proposición es la de servir de representantes de objetos (3.22). Los nombres tienen significado; su significado es el objeto en lugar del cual están en la proposición (3.023). Como signos simples que son, los nombres no pueden diseccionarse ni anatomizarse mediante definiciones (3.26, 3.261). Son signos primitivos con significado, pero tan sólo en el contexto de las proposiciones.
Los elementos de la proposición son nombres; las proposiciones más elementales son meras combinaciones de nombres (4.22). Ahora bien, en virtud de la teoría figurativa del sentido de las proposiciones, a una configuración de objetos en una situación le corresponde una configuración de nombres en la proposición (3.21) ¿Qué son entonces, estos objetos? Antes que otra cosa, los objetos son algo simple (2.02), no están compuestos de partes o elementos algunos. Son los átomos, no físicos, sino lógicos -es decir, lo que el análisis del lenguaje exige- del mundo. Ellos son lo simple, los últimos constituyentes de todo lo demás, y, muy especialmente, de los hechos y situaciones posibles. Son la sustancia del mundo, pues no cambian. Cambian las relaciones entre ellos, dando lugar así a diversos mundos posibles dentro del espacio lógico.
En segundo lugar, cuando los objetos se combinan -es decir, entran en relaciones- forman lo que Wittgenstein llama los estados de cosas (2.01) o situaciones. Tenemos así un paralelismo perfecto entre lenguaje y realidad: A los signos simples les corresponden los objetos (que son simples), y a la inversa. A las combinaciones de signos simples les corresponden las combinaciones de objetos, es decir, los estados de cosas. Sólo falta que unas y otras combinaciones compartan una misma estructura formal para que el ajuste entre lenguaje y realidad sea el preciso.
La concepción wittgensteiniana de los estados de cosas tiene dos consecuencias notables:
* Una es que con independencia de qué situaciones sean existentes y cuáles no lo sean, los objetos de que se componen unas y otras son inalterables. Son lo que subsiste por debajo o al margen de ellas, el material previo a partir del cual se forman todas ellas. Son, dice Wittgenstein, la sustancia del mundo (2.024, 2.027).* Además, en consonancia con lo anterior está la idea de que, una vez que se han dado todos los objetos, se han dado también todas las posibles situaciones (2.0124). O bien: que los objetos contienen la posibilidad de todas las situaciones (2.014). Efectivamente, de la misma manera que en cuanto disponemos de una configuración (permitida) de piezas sobre un tablero de ajedrez, las reglas de este juego determinan hasta su fin todas las combinaciones posibles, tan pronto como se ha fijado la totalidad de objetos, se ha determinado también qué puede y qué no puede entrar en el conjunto de los posibles estados de cosas.
De entre los posibles estados de cosas, algunos existen y otros no existen. La realidad está configurada por la existencia y la inexistencia de los estados de cosas. El mundo que dibuja el Tractatus es, pues, la suma de la realidad (2.063): la suma total de unos y otros estados de cosas. El mundo es todo lo que es el caso (1). Lo que hace de nuestro mundo algo bien específico es que está inequívocamente determinado por los hechos, por todos los hechos (1.11). Los objetos no caracterizan a nuestro mundo mejor que a cualquier otro hipotético. Los objetos entran a formar parte de los estados de cosas o situaciones que determinan nuestro mundo. El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. (1.1).
Las proposiciones elementales representan isomórficamente estados de cosas, y un hecho no es otra cosa que un conjunto formado por n estados de cosas existentes (n>=1). Un hecho, como tal, no es isomórficamente representable, y sólo en sentido derivado y no riguroso puede decirse que a él corresponda una conjunción de proposiciones elementales. De otro lado, decir que un estado de cosas es lo que corresponde a una proposición elemental si es verdadera es inexacto; esto sólo puede afirmarse de un estado de cosas existente.
Un estado de cosas, a su vez, es una combinación, relación o estructura de cosas u objetos (Gegenständen, Sachen, Dingen). Los objetos son los referentes de los nombres, son los elementos más simples de la realidad, de los que se componen las situaciones o estados de cosas. ¿En qué consisten los objetos? Son simples (2.02). Ello es natural, puesto que corresponden a los elementos simples de las proposiciones, a los nombres. Si los objetos fueran compuestos no podrían ser nombrados, habrían de ser descritos, representados, y entonces serían sus partes componentes los constitutivos simples a los que se refirieran los nombres; esto es, bajo el supuesto de que es posible el análisis reductivo onto-lingüístico. Los objetos son lo fijo, lo existente, por contraposición a su configuración, el estado de cosas, que es lo cambiante, lo variable (2.027-2.0272). Esta tesis es sumamente importante, ya que implica que la variabilidad de los acontecimientos del mundo consiste en la diversidad de las estructuras o relaciones que pueden darse entre los objetos, pero que por debajo de esta mutabilidad hay algo fijo e inmutable que son dichos objetos. Por eso afirma Wittgenstein que, por diferente que sea este mundo pensado respecto al mundo real, ha de tener algo en común con éste (2.022). ¿Qué? Simplemente una forma. Esta comunidad de todos los mundos posibles es una forma, una sustancia, constituida por los objetos (2.021,2.023,2.024).
Los objetos son la forma o sustancia de todo mundo posible porque son aquello que es necesario para que algo sea mundo. Un mundo es un determinado conjunto de relaciones entre los objetos. Relaciones distintas dan lugar a mundos diversos. Pero sean cuales fueren las relaciones hay algo inmutable y fijo que no difiere del mundo actual a cualquier mundo posible: los objetos. Por eso dirá Wittgenstein que la forma es la posibilidad de la estructura (2.033): pues la estructura es posible porque hay los objetos que la componen: o dicho de otra manera: los objetos contienen la posibilidad de todas las situaciones (2.014).
Las proposiciones elementales pueden ser verdaderas o falsas según representen estados de cosas existentes o inexistentes, pero sean lo uno o lo otro, y precisamente porque pueden serlo, son proposiciones con sentido, y esto significa que representan un estado de cosas que, sea existente o inexistente, es posible. El conjunto de los estados de cosas existentes constituye el mundo. Pues bien, esto más el conjunto de los estados de cosas inexistentes, pero posibles, es lo que Wittgenstein llama "realidad" (Wirklichkeit, 2.06). Puesto que los estados de cosas que existen, por existir, son a fortiori posibles, podemos decir que la realidad es el ámbito de lo posible, y que el mundo es una parte de lo anterior, la realidad realizada o actual.
El mundo es la totalidad de las cosas existentes (2.04). La estructura de la realidad es como sigue:
Realidad: conjunto de todos los estados de cosas posibles (existentes o inexistentes). Corresponde al conjunto de todas las proposiciones elementales (verdaderas o falsas).Mundo: conjunto de todos los estados de cosas existentes. Corresponde al conjunto de todas las proposiciones elementales verdaderas.Estado de cosas (o situación): cualquier posible relación o configuración de elementos simples. Corresponde a la proposición elemental, que es una relación o configuración de elementos simples. Corresponde a la proposición elemental, que es una relación o configuración de nombres.Hecho: conjunto de n estados de cosas simples (n>=1).Objetos (o cosas): elementos simples de los que se componen los estados de cosas. Corresponden a los nombres.
Objetos-->realidad=posibilidad=estados de cosas.
(Gegenstände) (Wirklichkeit) (Möglichkeit) (Sachverhalten).
Los objetos existentes forman los hechos y éstos el mundo (Tatsachen), (Welt).
Además hay que añadir los objetos inexistentes.
La generalidad no es un rasgo ontológico. No es nada que pueda representarse, porque no es un hecho o un estado de cosas ulterior que haya que añadir cuando tenemos todos los hechos o todos los estados de cosas, o todos los objetos. La cuantificación universal abrevia una conjunción de proposiciones elementales y la cuantificación existencial abrevia una disyunción de proposiciones elementales, pero no añaden nada nuevo a ambas funciones veritativas.
Nada corresponde a la negación. Lo mismo dicen una proposición y su negación.
La clase de hechos llamados actitudes proposicionales o hechos mentales están excluidos de la ontología de Wittgenstein. Las proposiciones "A cree que p", "A piensa p" y "A dice p" son de la forma "p dice p", lo que significa que tales proposiciones no correlacionan un hecho con un objeto, sino que coordinan un hecho con otro hecho por medio de la coordinación de sus objetos. Lo que estas afirmaciones hacen, según Wittgenstein, es correlacionar el pensamiento o creencia de A con la proposición p. ¿Pero en qué consiste el pensamiento o la creencia de p? En la propia proposición p, pero sin palabras; en una representación o figura isomorfa de p mas carente de signos, puesto que, la proposición es solamente el pensamiento exteriorizado por medio de signos. Estas afirmaciones no expresan una relación entre una proposición y un objeto, sino una correlación (y por ello, una relación isomórfica) entre dos hechos, el hecho de la proposición y el hecho de su pronunciación o el hecho de su representación mental respectivamente. "Esto muestra también que el alma, el sujeto, etc., tal como lo concibe la superficial psicología actual, es un absurdo. Ciertamente un alma compuesta, ya no sería alma" (5.5421). A saber, lo que se rechaza es la consideración del sujeto como objeto simple.
Solamente tienen sentido aquellas proposiciones que puedan descomponerse en proposiciones elementales, o lo que es lo mismo, en configuraciones de nombres.
4. Lo que no puede decirse.
Sólo hechos pueden ser figuras de estados de cosas. Una figura es un hecho. Para que un hecho sea una figura debe tener algo en común con lo representado (2.16): la forma lógica.
Así queda descartada la idea de considerar al lenguaje y al mundo como términos distintos, aunque conectados por diversas relaciones (Recuérdese que las dos relaciones de las que habla son la relación de significar y la relación de tener sentido.) El lenguaje pertenece al mundo. El error radica en vernos a nosotros mismos fuera del mundo y fuera del lenguaje. No existe ese tercer lugar al margen de ambos ni ese otro para el lenguaje fuera del mundo. En la proposición 4.12 lo expresa Wittgenstein del siguiente modo:

"Las proposiciones pueden representar toda la realidad, pero no pueden representar lo que tienen que poseer en común con la realidad para poder representarla -la forma lógica-.
Para poder representar la forma lógica deberíamos poder situarnos nosotros mismos junto con las proposiciones en algún lugar que esté fuera de la lógica, es decir, fuera del mundo."
La tesis de este texto es que no podemos decir por medio del lenguaje cuál es la estructura o forma lógica de las proposiciones y que, consiguientemente, tampoco podemos decir cuál es la forma lógica o estructura de la realidad.
La lógica es la disciplina que traza los límites del pensamiento humano, haciendo que éste sea posible. En este sentido, la lógica es trascendental (6.13). Es decir, la lógica define los límites de un ámbito -el ámbito del pensamiento- del cual es imposible escapar. Traspasar estos límites significaría traspasar lo lógico, poder pensar lo ilógico. Esto último no puede hacerse. En efecto, pensar es hacerse figuras de la realidad; pensar es hacerse representaciones de los estados de cosas. Los pensamientos no son sino proposiciones con sentido (4) Si pudiésemos ir más allá de los límites del pensamiento, nos situaríamos fuera de los márgenes del lenguaje. Ya que éste es la totalidad de las proposiciones, el ámbito del sentido, los límites del lenguaje son los límites de mi mundo. (5.6) Salirse de la lógica equivale a salirse del propio lenguaje.
El lenguaje define el espacio de todas las situaciones susceptibles de ser descritas mediante él; es decir, el espacio lógico. La pretensión de escapar de éste tiene un castigo inmediato: todo lo que uno diga desde esa anómala posición carecerá de sentido. De ahí que Wittgenstein afirme que si se nos preguntase cómo sería un mundo ilógico, no podríamos decirlo (3.031).
No sólo la forma lógica es irrepresentable lingüísticamente. Tampoco pueden describirse por medio del lenguaje las relaciones entre los nombres y su sentido. Es imposible decir de un nombre que tiene tal o cual significado; o de una proposición que tiene tal o cual sentido. En todos estos casos, al hablar de un nombre, de una proposición o de otro signo cualquiera nos estamos condenando a afirmar algo que carece de sentido. No podemos dar a un signo un sentido que no tiene (5.4732). Si pese a todo lo intentamos, el resultado es un sin-sentido. Forzar a nuestro lenguaje a hacer una pirueta semejante es malinterpretar su lógica. El pensamiento ilógico es una imposibilidad (5.4731).
Ahora bien, aunque no pueda decirse cuál es la forma lógica de una proposición, cuál es su sentido o el significado de un nombre, nuestro lenguaje muestra esas cosas. El lenguaje no hace factible el decirlas, pero unas y otras encuentran reflejo, se manifiestan, en él. (4.121).
El lenguaje es un medio universal. No podemos adquirir una posición de privilegio desde la cual proceder a examinarlo. Es un idealismo lingüístico, puesto que el lenguaje viene a dictar las condiciones bajo las cuales es posible el mundo y bajo las cuales hablamos del espacio lógico.
La consecuencia más notable del idealismo lingüístico es la imposibilidad de investigar sistemáticamente las conexiones entre lenguaje y realidad. Es decir, la imposibilidad de la teoría semántica.
Lo que constituye a la lógica como tal, lo que la fundamenta, es su propio juego como tal: el hecho místico de que existe. La lógica juega. Existe la razón como existe el mundo. Ambos son hechos místicos. La autocrítica de la razón planteándose cuestiones límites donde se pierde, muestra la realidad de la sinrazón; la autodisolución del lenguaje, la realidad del silencio; la de la lógica, lo místico. "Mis proposiciones aclaran algo, en cuanto el que me entienda, las reconozca absurdas al final, cuando haya trepado por ellas -sobre ellas- más allá de ellas" (6.54). Esa misma tensión constituye a la lógica. Resumiendo. No pueden representarse:
1. Las pseudoproposiciones lógicas.
La forma lógica es lo que toda representación ha de tener en común con la realidad representada para poder representarla. Las proposiciones pueden representar la realidad entera, la totalidad de estados de cosas posibles. No pueden representar lo que han de tener en común con los estados de cosas posibles, la forma lógica. Para poder representar la forma lógica, las proposiciones habrían de estar fuera de la lógica, fuera del mundo (4.12).
La forma lógica se refleja en las proposiciones; éstas la expresan, la exhiben, la muestran. Las proposiciones no pueden representar su forma lógica, sino que la muestran. Esta doctrina implica la imposibilidad de dar sentido a las proposiciones de la filosofía de la lógica, esto es, a aquellas proposiciones que tratan de las propiedades lógicas del lenguaje y, en su caso, del mundo.
Las proposiciones de la lógica no representan situación alguna. La lógica es anterior al mundo. Los límites del mundo son también los límites de la lógica. La lógica es trascendental. No hay más necesidad en el mundo que la lógica.
2. Las pseudoproposiciones filosóficas.
Proposición 4.11 "La totalidad de las proposiciones verdaderas es la totalidad de las ciencias de la naturaleza". 4.111: "La filosofía no es una de las ciencias de la naturaleza. (La palabra "filosofía" debe referirse a algo que está por encima o por debajo de las ciencias de la naturaleza, pero no junto a ellas.)"
La filosofía no es una ciencia natural. Su propósito no es representar lo que acontece. La verdad filosófica como tal, aspira a estar más allá de la experiencia. La mayor parte de las proposiciones de los filósofos son sinsentidos (Wittgenstein recurre aquí al término unsinnig, y no meramente al término más neutro, más desprovisto de carga valorativa, sinnlos, que hemos visto utilizado para calificar las pseudoproposiciones lógicas. Las cuestiones filosóficas no son cuestiones que se pueda intentar responder; lo único que puede hacerse es establecer que son sinsentidos, originados en nuestro mal entendimiento de la lógica del lenguaje. De aquí que la filosofía se convierta en una actividad de clarificación de nuestros pensamientos. La filosofía consiste en la aclaración de las proposiciones. Esto se hace poniendo límites a lo que se puede pensar y por lo mismo a lo que no puede pensarse. Se trata de pensar lo que puede ser pensado hasta llegar a sus límites, que serán los que lo separen de lo que no puede ser pensado. Representando claramente lo que puede decirse, la filosofía se refiere, negativamente, por así decirlo, a lo indecible.
2.1. Pseudoproposiciones acerca del sujeto.
"Los límites del mundo son también los límites de la lógica" (5.61). Esta proposición termina con estas palabras: "Lo que no podemos pensar, no podemos pensarlo; lo que no podemos pensar, tampoco podemos decirlo." El solipsismo no es viable "lo que el solipsismo quiere decir es del todo correcto, sólo que no se puede decir, sino que se muestra a sí mismo" (5.62). El solipsismo afirma que el mundo es mi mundo. El mundo es de cada cual "el mundo y la vida son lo mismo" (5.621) La afirmación de que el mundo es mi mundo no representa ningún hecho actual o posible, y por tanto, no cumple con los requisitos del principio de representación isomórfica que ha de cumplir toda proposición para tener sentido. "Que el mundo es mi mundo se muestra a sí en que los límites del lenguaje (del único lenguaje que yo entiendo) se refieren a los límites de mi mundo" (5.62).
El yo del solipsismo es condición para que haya mundo, pero no forma parte del mundo; es como un punto inextenso que coordina la realidad (5.64). Pero lo único que tenemos es la propia realidad; por eso "el solipsismo, seguido estrictamente, coincide con el realismo puro". Puesto que el solipsismo exige un sujeto metafísico, y éste no es más que la condición para que haya realidad, es la realidad lo único que al fin podemos representarnos, y el solipsismo ha de dejar su sitio al realismo.
Del yo filosófico no puede hablarse. El sujeto filosófico no es parte del mundo, sino el límite del mundo; y esto quiere decir que es supuesto y condición necesaria para que haya mundo. Por eso es un sujeto trascendental.
2.2. Las pseudoproposiciones de ética, estética, religión.
"Todas las proposiciones valen lo mismo" (6.4). Como descripciones de hechos posibles, todos los cuales son igualmente contingentes y entre los cuales no existe preeminencia alguna, no hay jerarquía ni diferencias de valor entre las proposiciones. En el mundo todo es como es y ocurre como ocurre, por consiguiente, no hay en él ningún valor, porque si lo hubiera, sólo por esto no tendría valor (6.41).(Esto último es una forma paradójica de decir que considerar el valor como parte del mundo equivale a convertirlo en hecho y despojarlo de su condición de valor).
¿Qué proposiciones podrían parecernos más valiosas que las demás, y por tanto, superiores? 1º aquellas cuya verdad fuera necesaria. Son las pseudoproposiciones lógicas:tautologías. No dicen nada. 2º aquellas que declararan el sentido de los hechos, y que, por ello, estarían por encima de las meras descripciones. Pero, por definición, cualquier intento de expresar el sentido del mundo por medio del lenguaje debe infringir los requisitos del principio de isomorfía, pues o bien el sentido de los hechos es parte del mundo, en cuyo caso será un hecho más entre los hechos, y no se ve de qué modo pueda dar sentido a los demás hechos, o bien el sentido está fuera del mundo, y entonces el lenguaje no puede hablar de él.
No puede haber proposiciones de ética. Las proposiciones éticas no describen hecho alguno, sino que pretenden declarar el sentido del mundo. Pero las proposiciones no pueden expresar nada que esté más alto que el nivel de los hechos. "La ética es trascendental" (6.421). La ética también está en el límite del mundo, es una condición necesaria para que haya vida. No hay mundo sin valores morales, como no hay mundo sin lógica o sin sujeto.
"La ética y la estética son lo mismo" (6.421). De nada de lo que da sentido a la vida puede tratar el lenguaje. Lo religioso es lo místico "Hay ciertamente lo inexpresable. Esto se muestra a sí mismo, es lo místico" (6.522). Lo místico se muestra en un sentimiento.
Sobre todo lo anterior no puede hablarse. No es que ciertos problemas no puedan resolverse o contestarse determinadas preguntas. Es que tampoco el problema o la pregunta tienen sentido en cuanto expresados lingüísticamente, porque "si puede en general hacerse una pregunta, también es posible responderla" (6.5). Por consiguiente, desde un punto de vista lingüístico, no hay problema. La duda sólo puede existir cuando existe una pregunta, y ésta cuando hay una respuesta, y ésta a su vez, cuando se puede decir algo (6.51). No hay más preguntas con sentido que las preguntas científicas; es cierto que cuando éstas han sido contestadas, los problemas vitales están sin tocar, pero como estos problemas no constituyen propiamente preguntas, ya no hay más preguntas, y ésta es la respuesta (6.52). La solución del problema de la vida consiste en la disolución del problema (6.521).
5. La filosofía como análisis del lenguaje.
Es posible trazar un límite entre las proposiciones con sentido y las meras combinaciones de signos sin sentido. Este límite puede trazarse en el lenguaje.
Una segunda convicción acompaña a esa primera. La de haber encontrado en todos los aspectos esenciales la solución final a los problemas. En lo que se refiere a los problemas de la filosofía, la solución final consiste simplemente en esto:
"El método correcto en filosofía sería en realidad el siguiente: no decir nada, excepto lo que puede ser dicho, a saber, las proposiciones de la ciencia natural -es decir, algo que nada tiene que ver con la filosofía- y entonces, cuando quiera que alguien quisiese decir algo metafísico, demostrarle que había dejado de dar significado a ciertos signos de sus proposiciones. Aunque esto no sería satisfactorio para la otra persona -que no tendría la impresión de que le estuviésemos enseñando filosofía- este método sería el único estrictamente correcto." (6.53)
La filosofía no es un saber sustantivo. No hay proposiciones filosóficas (4.112). La totalidad de las proposiciones representa la totalidad del espacio lógico. La totalidad de las proposiciones verdaderas constituye la ciencia natural (4.11) La filosofía no es una de las ciencias naturales (4.111). Su función es el esclarecimiento lógico del pensamiento, es decir, el análisis lógico del lenguaje. La filosofía es análisis lógico de las proposiciones.
WITTGENSTEIN II.
1. Significado y uso en el segundo Wittgenstein.
La idea básica de Wittgenstein en las "Investigaciones Filosóficas" es que no hay nada común a todos los fenómenos lingüísticos en cuya virtud podamos hablar de "lenguaje" y, por consiguiente que no ha lugar a una teoría sobre la forma general de las proposiciones tal como la desarrolla en el Tractatus. Lo que nos permite usar el término "lenguaje" para un amplio conjunto de fenómenos no es que éstos tengan algo en común, sino que están relacionados entre sí de muchas maneras distintas. Las partes del lenguaje mantienen entre sí un cierto aire de relación familiar. Hay juegos de lenguaje que mantienen entre sí unas determinadas relaciones no necesariamente todos con todos que son unas relaciones familiares.
No hay una función lingüística única que defina al lenguaje. El lenguaje es desde el punto de vista de su función, un conjunto de actividades o usos que forman una familia. Hay que sustituir la pregunta por el significado por la pregunta por el uso.
¿Qué es un juego lingüístico?. Maneras particulares reales o imaginarias de usar el lenguaje, que tienden a mostrar cuáles son las reglas de un uso lingüístico. Son modelos simplificados de aspectos concretos del lenguaje.
El lenguaje es un instrumento, o, mejor, un conjunto de instrumentos: las palabras, los conceptos, son instrumentos para jugar a una inmensa variedad de juegos lingüísticos. Lo que cuenta es el uso que hacemos de esos instrumentos, y para esto no basta fijarse únicamente en el instrumento, sino que hay que atender también a las acciones que acompañan a la pronunciación de las palabras, ya que hablar un lenguaje es parte de una actividad, de una forma de vida. Lo fundamental aquí es que esas acciones nos van a revelar algo muy importante: que el uso de las palabras en el lenguaje, en los juegos lingüísticos, está sometido a reglas. Son las reglas las que nos permiten hablar de corrección e incorrección en el uso del lenguaje, y las que asimismo nos permiten prever el comportamiento lingüístico de los demás. Aunque esto no significa que las reglas hayan de estar siempre perfectamente definidas ni que cubran todos los casos.
Lo fundamental son los varios usos que hacemos del lenguaje. Entre estos usos no existe ninguna característica común, sino relaciones de índole diversa que forman como una red. No hay lugar, pues, para una definición del lenguaje. ¿Pero sería posible hacer una tipología de los usos lingüísticos? No. Wittgenstein se limita a dar ejemplos. Wittgenstein contesta haciendo alusión a la variedad de los juegos de lenguaje. La unidad de análisis lingüístico es el uso lingüístico y éste queda reflejado en el modelo que es el juego de lenguaje. Lo que interesa es cuántas variedades de usos del lenguaje existen y la respuesta es que innumerables y que no pueden limitarse a priori porque están en proceso de cambio.
En resumen, la nueva teoría del lenguaje de Wittgenstein se basa en la idea de que lo importante no es una teoría de las proposiciones sino una descripción de los usos lingüísticos. O lo que es lo mismo, propone sustituir la semántica por la pragmática y por una pragmática empírica y vaga.
2. La filosofía como descripción de los usos lingüísticos.
La función de la filosofía es la función de investigación gramatical del lenguaje. Investiga la filosofía la esencia del lenguaje.
Se trata de aclarar aquellos equívocos y confusiones que conciernen al uso de las palabras. El trabajo del filósofo es reunir recordatorios de cómo se usa el lenguaje de la vida cotidiana con la finalidad de deshacer el equívoco, la confusión, sobre la que descanse, en cada caso, el problema filosófico. De esta manera, "la filosofía simplemente coloca todo delante, y ni explica ni deduce nada". Todo está a la vista, puesto que se trata de lo que todos hacemos a diario, los usos del lenguaje. No hay nada que explicar: "debe desaparecer toda explicación y sustituirla sólo la descripción". En filosofía no hay conclusiones que sacar, pues lo que se enuncia es lo que todo el mundo admite; en consecuencia, tampoco hay nada que discutir en filosofía. La filosofía no altera nada, puesto que no acrece nuestro conocimiento; la filosofía deja todo tal como está, y no puede modificar nuestro uso del lenguaje, ni tampoco suministrarle fundamento; en definitiva, únicamente puede describirlo. El problema filosófico es un problema que se da en el lenguaje. Los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje está de vacaciones, cuando el lenguaje se mueve en el vacío, en lugar de funcionar; la filosofía rectamente entendida es una tarea y esta tarea es una lucha contra el embrujamiento del entendimiento por el lenguaje. La filosofía es una terapia. Quien tiene un problema filosófico se encuentra como perdido y hay que enseñarle el camino como se ayuda a una mosca a salir de una botella.